El Reino Unido acaba de sumar la pieza que faltaba en el rompecabezas de la psilocibina: un ensayo aleatorizado financiado con dinero público, ejecutado dentro del sistema sanitario nacional y publicado en Nature Medicine. Se llama PsiDeR y sus resultados, dados a conocer el 6 de agosto, muestran que una sola dosis de 25 miligramos mejoró la depresión resistente mucho más que un placebo real.
Un placebo de verdad, no una dosis simbólica
El equipo del King’s College London y del South London and Maudsley NHS Foundation Trust reclutó a 60 personas con depresión que no había respondido al menos a dos tratamientos previos. La mitad recibió psilocibina; la otra mitad, un placebo sin nada de principio activo. Ambos grupos contaron con acompañamiento psicológico y ni los participantes ni el equipo investigador sabían quién estaba en cada rama.
A las tres semanas, el grupo de psilocibina mostraba una caída significativamente mayor en la escala Montgomery-Åsberg, y la diferencia se mantenía a las seis semanas. El 43% alcanzó criterio de respuesta a las tres semanas y el 50% a las seis, frente a un 3% en el grupo placebo. La remisión siguió el mismo patrón: 40% contra 3%.
Fuera del hospital, dentro del barrio
Un detalle poco habitual: a mitad del estudio el reclutamiento se trasladó desde una unidad de investigación clínica a un edificio comunitario de salud mental situado en una zona residencial. «El traslado nos demostró que la psilocibina puede administrarse con seguridad fuera de un entorno hospitalario», explicó Catherine Bird, gestora sénior de ensayos clínicos del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia. No se detectaron nuevos problemas de seguridad.
El ensayo tampoco puso techo al grado de resistencia al tratamiento que podía tener un participante, a diferencia de la mayoría de estudios financiados por la industria. Eso lo acerca al perfil real de pacientes a los que se ofrecería esta terapia si algún día se aprueba y se financia.
Los propios autores ponen el freno
James Rucker, investigador principal, subraya que «las respuestas individuales fueron muy variables y parte de la diferencia entre grupos se deberá a factores ajenos al fármaco». El dato incómodo está en el propio informe: todos los que recibieron psilocibina adivinaron correctamente su asignación, y también el 70% del grupo placebo. La expectativa, admiten, explica una porción del efecto.
En cuanto a seguridad, se registraron 287 efectos adversos no graves —164 en el grupo de psilocibina y 123 en el de placebo—, la mayoría leves y resueltos al final del estudio. Hubo cuatro eventos adversos graves, ninguno atribuido a la psilocibina.
«Estos hallazgos replican estudios financiados por la industria y muestran el considerable potencial de los psicodélicos como clase de medicación», resumió Ben Carter, metodólogo principal del ensayo. «Aunque hacen falta estudios confirmatorios de coste y efectividad clínica, algún día podrían estar disponibles en el NHS».
Fuente: King’s College London
Imagen: «Psilocybe semilanceata (Magic Mushroom)» de gailhampshire, licencia CC BY 2.0.