Cuando miramos un patrón de rayas de alto contraste rodeado de otro aún más marcado, el cerebro subestima el contraste del patrón central: es la llamada supresión por contexto visual, uno de los trucos con los que la corteza visual interpreta lo que vemos. Un nuevo estudio publicado en Neuroscience of Consciousness, liderado por Lucca Jaeckel, de la Universidad de Basilea, puso a prueba si microdosis de LSD, 10 y 20 microgramos, alteran esa ilusión del mismo modo en que lo hace la psilocibina, y encontró una respuesta sorprendente: no.
Un efecto que sí aparece con psilocibina
Investigaciones previas ya habían mostrado que la psilocibina, el compuesto activo de los hongos, puede intensificar este tipo de ilusiones. Un estudio piloto de 2024 con seis voluntarios halló que una dosis alta de psilocibina reforzaba la ilusión de contraste, y un trabajo de 2025 mostró que dosis bajas y moderadas también aumentaban la susceptibilidad a la ilusión de Ebbinghaus, en la que un círculo parece más grande o más chico según el tamaño de los círculos que lo rodean. Ambos hallazgos sugerían que los psicodélicos clásicos modifican cómo el cerebro usa el contexto visual para interpretar una escena.
El experimento con LSD en dosis mínimas
Para comprobar si el LSD producía el mismo efecto, el equipo de Basilea reclutó a 31 adultos sanos y aplicó un diseño aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo: cada participante recibió, en sesiones distintas separadas por al menos una semana, un placebo, 10 microgramos de LSD o 20 microgramos. Cuatro horas después de cada dosis, debían juzgar en una pantalla cuál de dos patrones de rayas tenía mayor contraste, una tarea diseñada para medir objetivamente la fuerza de la ilusión.
El cerebro no cambia, pero la percepción subjetiva sí
Los participantes sí notaron cambios reales: con 20 microgramos reportaron colores más saturados, una sensación de movimiento en el entorno y visión más borrosa, y hasta la dosis de 10 microgramos, considerada casi imperceptible, produjo una leve borrosidad. Sin embargo, el análisis estadístico de la tarea de contraste mostró evidencia sólida de que el LSD, a estas dosis, no modificó la fuerza de la ilusión: quienes reportaron más alteraciones subjetivas no mostraron, además, mayores cambios en la tarea, a diferencia de lo observado antes con psilocibina.
La dosis, la clave de la diferencia
Según Jaeckel, la explicación más probable es simplemente la dosis: 20 microgramos de LSD equivalen aproximadamente a 4 miligramos de psilocibina, muy por debajo de los 25 miligramos usados en el estudio de 2024 que sí encontró el efecto. Esto indica, explicó el investigador a PsyPost, que las alteraciones en la supresión por contexto no son necesarias para los cambios perceptivos que produce el LSD, aunque no descartó que dosis más altas del compuesto terminen modificando ese mecanismo. El hallazgo, el primero de un estudio más amplio sobre cómo el LSD usa el contexto para tomar decisiones perceptivas, recuerda también los límites de lo que hoy se sabe sobre el microdoseo: investigaciones previas ya habían encontrado que el LSD en dosis bajas tampoco mejora de forma confiable el ánimo ni el rendimiento cognitivo frente a un placebo. Quien quiera profundizar en cómo cambia el cerebro tras una dosis de psicodélicos puede revisar también la cobertura de este portal sobre la primera dosis de psilocibina, además de la guía completa de psicodélicos.