En los centros de sanación autorizados de Colorado, bajo el marco legal de la Natural Medicine Health Act, una práctica común preocupa a parte de la comunidad clínica: administrar psilocibina a partir de hongos enteros, pesados en gramos, sin un perfil documentado del compuesto activo. Así lo plantea Rhonda DeSantis, fundadora y directora ejecutiva de Psylutions, en un artículo publicado por Psychedelic Scene Magazine que cuestiona la dosificación improvisada en la terapia psicodélica emergente.
Cuando la dosis es una suposición
DeSantis describe sesiones en las que la única pregunta clínica relevante era cuántos gramos de hongo seco recibía el paciente. Todo lo demás —si la cepa era la adecuada, si la dosis era la correcta, si ese era realmente el tratamiento que esa persona necesitaba— quedaba librado a la suposición. Para pacientes con cuadros de depresión resistente a más de una década de tratamientos, que llegan a lo que puede ser la cita clínica más significativa de su vida adulta, esa falta de precisión resulta, en sus palabras, inaceptable.
Lo que Colorado logró, y dónde se quedó corto
La Natural Medicine Health Act construyó un marco regulatorio con dientes reales: facilitadores con licencia, topes máximos de dosis y límites de tiempo en las sesiones de administración. Pero esas reglas, sostiene DeSantis, marcan el piso, no el techo. La homogeneización del compuesto activo —es decir, trabajar con extractos de concentración conocida en lugar de hongo entero— es lo que permite que cada dosis medida sea realmente la dosis prevista, y que los facilitadores puedan tomar decisiones clínicas reales y comparables entre pacientes.
La integración, una intervención inconclusa sin seguimiento
El artículo también subraya la importancia de la integración posterior a la sesión. Cita un estudio de neuroimagen de 2026, realizado por investigadores del Imperial College de Londres y la Universidad de California en San Francisco y publicado en Nature Communications, que encontró que la calidad de una sesión correctamente dosificada —medida por el grado de entropía cerebral aguda— predijo el nivel de insight psicológico al día siguiente, el cual a su vez predijo mejoras medibles en el bienestar un mes después.
La ventana de neuroplasticidad en pacientes con TEPT complejo
Para pacientes con trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-C), este hallazgo resulta especialmente relevante: los 30 a 90 días posteriores a una sesión constituyen una ventana de mayor neuroplasticidad, y es en ese período donde el acompañamiento clínico —ya sea del facilitador, de un terapeuta derivante o de cualquier figura de apoyo en la integración— cumple su función más importante. Una sesión sin soporte estructurado posterior, concluye DeSantis, es una intervención inconclusa.
Para profundizar en cómo funcionan estas terapias y sus riesgos, puede consultarse la guía completa de psicodélicos del portal.
Fuente: Psychedelic Scene Magazine