Durante años, la investigación sobre psicodélicos se concentró en lo que ocurre dentro del cerebro. Un nuevo estudio de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), publicado esta semana en la revista JAMA Psychiatry, aporta algo distinto: los primeros datos en humanos que sugieren que la psilocibina también podría modular la inflamación y el estrés celular en todo el cuerpo, con implicancias para enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.

Menos inflamación y menos estrés mitocondrial, un mes después

El equipo, liderado por las investigadoras Ellen Bradley y Aoife O’Donovan, midió en sangre cinco moléculas asociadas a procesos inflamatorios en 12 pacientes con enfermedad de Parkinson, antes y después de dos sesiones con psilocibina. Los participantes mostraron niveles significativamente más bajos de inflamación respecto del punto de partida, un efecto que se sostuvo un mes después de la última dosis. También se registraron mejoras notables, aunque más breves, en un marcador de estrés mitocondrial, la maquinaria que produce energía dentro de las células.

Por qué el Parkinson es un buen punto de partida

Los 12 participantes formaban parte de un estudio piloto original, publicado el año pasado, diseñado para evaluar si la psilocibina podía administrarse de forma segura a personas con una enfermedad neurodegenerativa, un grupo habitualmente excluido de los ensayos con psicodélicos por razones de seguridad. Según Bradley, ese trabajo previo arrojó un «perfil de seguridad muy prometedor» y hasta una leve mejora de síntomas. El Parkinson se caracteriza, precisamente, por inflamación y disfunción mitocondrial, lo que podría explicar por qué los participantes notaron beneficios durante el ensayo.

Las limitaciones que los propios autores señalan

Ni Bradley ni O’Donovan ocultan las limitaciones del trabajo: no hubo grupo de control con placebo y todos los participantes sabían que estaban recibiendo psilocibina, lo que deja abierta la posibilidad de que las expectativas hayan influido en los resultados. Con apenas 12 personas, los hallazgos funcionan como lo que los propios autores llaman una «señal biológica inicial» que debe confirmarse en estudios más grandes y controlados, no como una prueba definitiva.

Qué significa para otras enfermedades inflamatorias

El farmacólogo Charles Nichols, de la Universidad Estatal de Luisiana, que no participó del estudio pero investiga hace quince años los efectos antiinflamatorios de los psicodélicos en modelos animales de asma, artritis y enfermedad cardiovascular, calificó el trabajo como una «prueba de concepto» que valida parte de esa evidencia preclínica en personas reales. Según el investigador D. Parker Kelley, coautor del estudio, el hallazgo podría abrir una línea de investigación más amplia, con aplicaciones potenciales en depresión, ansiedad y enfermedades cardiometabólicas e inflamatorias, más allá del Parkinson.

Este trabajo se suma a una serie creciente de estudios sobre los efectos de los psicodélicos más allá de la salud mental, un área que puede seguirse en nuestra sección de ciencia. Para profundizar en la farmacología y la seguridad de estas sustancias, puede consultarse nuestra guía completa de psicodélicos, así como la cobertura de este portal sobre otro hallazgo relacionado con la protección nerviosa de la psilocibina. Como con cualquier hallazgo preliminar, conviene recordar que esta evidencia todavía no permite recomendar el uso de psilocibina fuera de ensayos clínicos supervisados.

Fuente: NPR