En un departamento de Maastricht, durante el día más caluroso del año en Europa, un grupo de personas se colocó visores de realidad virtual para experimentar un tipo distinto de viaje: uno construido con luz, sonido y código, sin ninguna sustancia de por medio. La periodista Aoife Lauren Duffy relató para DoubleBlind Magazine su experiencia en esta fiesta de «VR psicodélica», organizada por Zeus Tipado, investigador en psicofarmacología de la Universidad de Maastricht que estudia la combinación de DMT y realidad virtual.
Brain Candy: luz estroboscópica como ingrediente activo
La aplicación demostrada esa noche se llama Brain Candy, ya disponible para visores Meta Quest y en camino a Steam para PC. Combina luz parpadeante, audio binaural y retroalimentación háptica para inducir estados alterados de conciencia, desde la relajación profunda hasta experiencias visuales intensas. Según su desarrollador, David Lobser, el parpadeo es el componente activo central: producido a la frecuencia correcta, puede hacer que el cerebro genere patrones geométricos —túneles, espirales, redes— similares a los que describen quienes consumen DMT o psilocibina.
Un antecedente de los años sesenta
Lobser cita como precedente la «Dreamachine», un dispositivo estroboscópico creado en los años sesenta por el artista Brion Gysin y el matemático Ian Sommerville: un cilindro ranurado que giraba sobre una bombilla y que, visto con los ojos cerrados, producía visiones de espirales y túneles mediante el parpadeo de la luz a ritmo de las ondas alfa del cerebro. Brain Candy funciona bajo el mismo principio, aunque con hardware moderno y la posibilidad de que cada usuario diseñe su propia experiencia visual.
Un momento clave para las terapias alternativas
Brain Candy llega en un momento de expansión de las terapias asistidas por psicodélicos, con la esketamina aprobada en Estados Unidos desde 2019 y la psilocibina avanzando en procesos regulatorios acelerados. Como el acceso a estas terapias sigue requiriendo receta médica, un número creciente de personas —en particular quienes tienen contraindicaciones de salud para consumir sustancias— busca experimentar un estado alterado sin asumir ese riesgo.
La experiencia, en primera persona
Duffy describió sentir una profundidad espacial inusual dentro del visor, muy distinta a otras experiencias de realidad virtual que había probado antes. A los diez minutos, entre los patrones de túneles que se repetían, comenzó a experimentar visiones con los ojos cerrados: animales estilizados que recordaban a la iconografía tibetana de la rueda de la vida. A diferencia de un viaje real, donde la mente suele resistirse a soltar el control, la experiencia con el visor le resultó más liviana. Aun así, el propio Lobser reconoce que la mayoría de la gente no se siente cómoda usando VR en situaciones sociales: su lugar natural, dice, son las sesiones breves y solitarias en casa.
Para profundizar en cómo funcionan los estados alterados de conciencia inducidos por sustancias, puede consultarse la guía completa de psicodélicos del portal.
Fuente: DoubleBlind Magazine