La mayoría de la investigación sobre psicodélicos e inflamación mira hacia atrás: qué le pasa al organismo después de la dosis. Michael Fiorillo y Javier González-Maeso, de la Facultad de Medicina de la Virginia Commonwealth University, invirtieron la pregunta. ¿Y si un psicodélico administrado antes pudiera preparar al sistema nervioso para resistir un golpe inmunitario posterior? El resultado se publicó en BMC Neuroscience.
El montaje del experimento
La neuroinflamación es la activación del sistema inmune dentro del cerebro o la médula espinal. A corto plazo ayuda a eliminar infecciones; sostenida o excesiva, daña tejido cerebral. Cuando el sistema inmune se activa, las células liberan proteínas señalizadoras llamadas citoquinas; un desequilibrio hacia las proinflamatorias puede alterar circuitos cerebrales y modificar el estado de ánimo y la conducta. Es un rasgo común en cuadros que van del alzhéimer a la depresión grave.
Los investigadores empezaron mapeando la reacción. Inyectaron a un grupo pequeño de ratones lipopolisacárido, una molécula de la cubierta externa de las bacterias que provoca una respuesta inmune fuerte sin infección real. Las citoquinas proinflamatorias —interleucina 6 y factor de necrosis tumoral alfa— alcanzaron su pico a las cuatro horas en el hipocampo. Esa se convirtió en la ventana de medición.
Después administraron a ratones sanos distintas dosis de DOI, un compuesto psicodélico de laboratorio que activa el mismo receptor de serotonina 5-HT2A que el LSD y la psilocibina. Por sí solo, el DOI no alteró los niveles basales de citoquinas: no provocaba ninguna reacción inmune.
Qué pasó al invertir el orden
El experimento central fue este: inyectar DOI en dosis baja o alta, esperar 24 horas, provocar entonces la inflamación sistémica y medir el hipocampo cuatro horas más tarde.
Los ratones que habían recibido la dosis baja mostraron niveles menores de interleucina 6 y de factor de necrosis tumoral alfa. Su respuesta inmune fue notablemente más apagada que la de los animales sin pretratamiento. La dosis alta, en cambio, no funcionó, un fenómeno habitual cuando los receptores celulares se saturan y se desconectan.
Para saber si todo dependía del receptor 5-HT2A, repitieron el ensayo con ratones modificados genéticamente para no tenerlo. En esos animales el DOI ya no impidió el pico de interleucina 6, lo que confirma que necesita ese receptor para esa vía concreta. Pero sí siguió reduciendo el factor de necrosis tumoral alfa, señal de que el compuesto actúa además por otros caminos. De paso, los investigadores observaron algo revelador: los ratones sin el receptor reaccionaron mucho más violentamente a la molécula bacteriana que los normales. La actividad natural de la serotonina en ese receptor parece funcionar como freno biológico contra el exceso de respuesta inmune.
Del hipocampo a la conducta
Los cambios químicos se tradujeron en comportamiento. El lipopolisacárido normalmente hace que los ratones se muevan menos, imitando el letargo de estar enfermo; el pretratamiento con dosis baja de DOI evitó ese letargo. En la prueba de nado, los animales tratados pasaron menos tiempo flotando pasivamente. Y perdieron menos peso: recuperaron su peso normal más rápido que los controles.
Al cruzar datos, los niveles altos de interleucina 6 coincidían con más conducta pasiva en el agua, mientras que dos citoquinas asociadas a la reparación celular se correspondían con nado más activo.
Los límites, que son varios
El estudio usó un único disparador inmunitario agudo y fuerte, que no reproduce la inflamación crónica de bajo grado propia de las enfermedades neurodegenerativas y psiquiátricas humanas. Se analizaron secciones enteras de hipocampo, sin distinguir tipos celulares, así que no se sabe qué células están suprimiendo la inflamación. Tanto la molécula bacteriana como el fármaco se inyectaron en el cuerpo, no en el cerebro: es posible que el psicodélico apagara primero la respuesta en sangre y que la reducción cerebral fuera secundaria. Los ratones modificados carecían del receptor desde siempre, lo que pudo alterar su desarrollo inmunitario. Y todos los animales eran machos.
Fuente: PsyPost