Durante años, la idea de que los psicodélicos «reconectan» el cerebro fue sobre todo una metáfora basada en estudios con animales. Un nuevo estudio liderado por Robin Carhart-Harris, de la UCSF, aporta ahora evidencia de cambios físicos y medibles en la estructura del cerebro humano semanas después de una sola dosis de psilocibina.
Qué se midió exactamente
El equipo utilizó imágenes por tensor de difusión (DTI), una técnica de resonancia magnética que permite observar la sustancia blanca, los «cables» que conectan distintas regiones del cerebro. Compararon imágenes antes y un mes después de que los participantes recibieran una dosis alta de psilocibina.
El hallazgo: conexiones que cambian de forma
Un mes después de la dosis, los investigadores observaron modificaciones en las vías de sustancia blanca, compatibles con una conectividad cerebral distinta a la que tenían los participantes antes de la experiencia. Carhart-Harris señaló que, de confirmarse en estudios futuros, sería la primera vez que se documenta «neuroplasticidad anatómica» en un estudio psicodélico realizado en humanos.
Por qué importa para la depresión
La psilocibina ya cuenta con ensayos clínicos que muestran efectos antidepresivos sostenidos durante semanas o meses después de una sola sesión. Este estudio ofrece una posible explicación biológica: si el cerebro reorganiza parte de su cableado físico, tiene sentido que el impacto en el estado de ánimo no se desvanezca de inmediato.
Las preguntas que quedan abiertas
No está claro si estos cambios estructurales son la causa directa de la mejoría clínica, una consecuencia paralela, o una correlación. Tampoco se sabe cuánto duran más allá del mes de seguimiento, ni si se repiten con dosis más bajas o distintos perfiles de pacientes.
El siguiente paso
El equipo de la UCSF planea ampliar la muestra y cruzar estos datos de imagen con los resultados clínicos de cada participante. Si el patrón se confirma, podría convertirse en uno de los primeros biomarcadores objetivos para predecir qué pacientes responden mejor a la terapia asistida con psicodélicos.
Fuente: UCSF / Medical News Today — investigación liderada por Robin Carhart-Harris