Uno de los pilares del método científico para probar un medicamento es el «doble ciego»: ni el paciente ni el investigador deben saber si se administró la sustancia real o un placebo, para que las expectativas no distorsionen los resultados. Con los psicodélicos, ese pilar hace agua desde hace años: los efectos son tan intensos y característicos que resulta casi imposible no darse cuenta de qué sustancia se recibió. Un nuevo estudio sobre cegamiento en ensayos con psicodélicos, publicado en European Neuropsychopharmacology y liderado por investigadores de la Universidad de Zúrich, midió por primera vez con detalle cuánto se rompe realmente ese cegamiento.

120 voluntarios, tres sustancias, un mismo problema

El equipo, encabezado por L. Belinger y K. H. Preller, trabajó con 120 voluntarios sanos que recibieron, de manera aleatoria y a doble ciego, psilocibina, MDMA o metilfenidato —este último usado como «placebo activo», es decir, una sustancia con efectos perceptibles pero distinta de las dos anteriores—. Después de cada sesión, los investigadores no se limitaron a preguntar qué sustancia creían haber recibido: también midieron el nivel de certeza de esa respuesta, los factores que llevaron a cada persona a decidirse por una opción u otra, y la intensidad de los efectos subjetivos experimentados.

La psilocibina, la más difícil de disfrazar

Los resultados confirman lo que muchos investigadores sospechaban de forma anecdótica: el cegamiento general fue insuficiente. La psilocibina mostró las tasas más altas de «desenmascaramiento funcional» —es decir, los voluntarios adivinaron correctamente qué habían tomado con más frecuencia—, seguida por el MDMA, mientras que el metilfenidato fue el más fácil de mantener oculto. Como placebo activo, el metilfenidato funcionó mejor para camuflar al MDMA que para camuflar a la psilocibina, lo que sugiere que ningún placebo activo único sirve igual de bien para todas las sustancias psicodélicas.

Lo que cambia al medir la certeza

Un hallazgo más sutil: cuando el análisis incorporó qué tan seguros estaban los participantes de su respuesta —no solo si acertaban o no—, el patrón de desenmascaramiento se volvió más matizado y las tasas de «ruptura funcional del ciego» bajaron. Es decir, muchas personas acertaban la sustancia, pero con menos certeza de la que un simple recuento binario sugeriría. La experiencia previa con estas sustancias, además, no influyó en la precisión de las adivinanzas: haber probado psicodélicos antes no hizo que los voluntarios acertaran más.

Por qué esto importa para la ciencia clínica

El problema del cegamiento no es un detalle técnico menor: si pacientes e investigadores intuyen qué sustancia se administró, las expectativas pueden inflar artificialmente los resultados positivos que luego se usan para pedir la aprobación de un tratamiento ante agencias regulatorias como la FDA o la EMA. Los autores proponen que los ensayos futuros incorporen esta evaluación multinivel —adivinanza forzada, certeza y experiencia subjetiva— como estándar, en lugar de conformarse con la pregunta simple de «¿qué cree que recibió?». Es una limitación metodológica que la ciencia psicodélica todavía está aprendiendo a nombrar, y mucho menos a resolver.

Para profundizar en los desafíos metodológicos de la investigación clínica con psicodélicos, revisa nuestra guía completa de psicodélicos y la sección de Ciencia de Portal Psicodélico.

Fuente: European Neuropsychopharmacology (PubMed)