La cefalea en racimo es uno de los cuadros de dolor más severos que existen: crisis punzantes en un lado de la cabeza que suelen aparecer de noche y arruinan el descanso de quienes las sufren. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Psychopharmacology sugiere que la psilocibina, el principio activo de los hongos mágicos, no solo reduce la frecuencia de esos ataques, sino que también mejora la calidad del sueño de los pacientes.

Un trastorno que roba el descanso

Las personas con cefalea en racimo crónica padecen ataques frecuentes, a menudo acompañados de lagrimeo o congestión nasal, que se concentran en las horas nocturnas. El resultado es una privación de sueño sostenida que, con el tiempo, podría alterar incluso la microestructura del cerebro. El equipo dirigido por Kristoffer Brendstrup-Brix, del Hospital Universitario de Copenhague (Rigshospitalet), ya había observado que la psilocibina disminuye el número de crisis; ahora quiso comprobar si el sueño también mejoraba.

Once pacientes, tres dosis

Los investigadores reclutaron a once pacientes con cefalea en racimo crónica (cinco mujeres, con una media de unos 49 años) que sufrían al menos cuatro ataques por semana, y los compararon con 24 adultos sanos. Cada paciente recibió tres dosis de una psilocibina sintética, separadas por una semana, de 0,14 miligramos por kilo de peso. Antes del tratamiento, diez de los once pacientes presentaban un sueño notablemente deteriorado, frente a solo uno de los 24 voluntarios sanos.

Menos ataques y mejor sueño

Tras la intervención, la frecuencia de los ataques cayó en promedio un 50%, es decir, unas seis crisis menos por semana. En paralelo, la puntuación en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh bajó una media de 2,5 puntos, lo que equivale a una mejora del 24% en el descanso percibido. La mejoría del sueño acompañó de cerca a la reducción de los dolores, lo que apunta a una relación estrecha entre el alivio de los síntomas y un mejor reposo.

Indicios en la estructura cerebral

Mediante resonancia magnética por difusión, que rastrea el movimiento del agua en el tejido cerebral, los autores buscaron cambios físicos en el cerebro. Aunque no hallaron diferencias estadísticamente significativas en el conjunto del grupo, siete de los ocho pacientes que completaron el escáner final mostraron variaciones sutiles en la sustancia blanca, posiblemente relacionadas con la mielina.

Resultados prometedores, pero preliminares

Los propios investigadores subrayan la cautela: la muestra fue muy pequeña, no hubo grupo placebo y el sueño se midió con cuestionarios subjetivos. Además, como la mejora del descanso estuvo tan ligada a la reducción del dolor, resulta difícil separar el efecto directo de la psilocibina sobre el cerebro del alivio indirecto de tener menos crisis. Harán falta estudios más amplios y con medidas objetivas para confirmar estos hallazgos.

Fuente: PsyPost

Imagen: Muffet vía Openverse (CC BY 2.0).