La neuropatía periférica inducida por quimioterapia es uno de los daños colaterales más frecuentes y menos resueltos del tratamiento oncológico: afecta hasta al 60% de quienes reciben esquemas basados en platino y deja hormigueo, entumecimiento, sensibilidad al frío y dolor que puede durar años. No existe ninguna estrategia preventiva aprobada. Un equipo del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas acaba de publicar en Science un resultado que apunta a un candidato inesperado: la psilocibina.

Dos dosis antes, no después

El trabajo, codirigido por Moran Amit, profesor de Cirugía de Cabeza y Cuello, y Patrick Dougherty, profesor de Medicina del Dolor, invierte la lógica habitual. En lugar de tratar el dolor una vez instalado, los investigadores administraron psilocibina antes de la quimioterapia. Con apenas dos dosis previas, los ratones no desarrollaron hipersensibilidad al frío, conservaron las terminaciones nerviosas sensoriales y mantuvieron el sentido del tacto.

La protección se sostuvo a lo largo de ciclos repetidos de quimioterapia con cisplatino, paclitaxel y docetaxel, y durante meses de seguimiento. El dato que más importa desde el punto de vista clínico es otro: en ratones con tumores, la psilocibina no redujo el efecto antitumoral del tratamiento ni alteró el crecimiento del tumor.

El mecanismo: mitocondrias que vuelven a moverse

El equipo describe una función neuroprotectora del receptor de serotonina 5-HT2A que hasta ahora no se había documentado en el sistema nervioso periférico. El cisplatino agota las mitocondrias dentro de las fibras nerviosas y frena su desplazamiento a lo largo del axón, con lo que las terminaciones nerviosas se quedan sin energía y degeneran. La psilocibina activó una vía de señalización que preservó ese transporte mitocondrial.

Dos controles refuerzan la interpretación. Bloquear la vía 5-HT2A anuló la protección. Y un compuesto no alucinógeno que activa el mismo receptor produjo un efecto protector similar, lo que sugiere que la experiencia psicodélica no sería necesaria para este beneficio concreto. Neuronas sensoriales de donantes humanos y biopsias de piel de pacientes confirmaron que la red serotonina-mitocondria existe también en tejido humano.

De los ratones a la clínica

Los resultados preclínicos ya tienen continuidad: son la base de un ensayo de Fase II llamado NeuroGuard (NCT07227909), que evaluará psilocibina durante la quimioterapia en pacientes con distintos tipos de cáncer.

En un comentario publicado junto al estudio, la farmacóloga Maria Maiarú, de la Universidad de Reading, señala que el trabajo replantea la neuropatía por quimioterapia no como una consecuencia inevitable del daño neuronal, sino como un fallo de resiliencia que podría intervenirse a tiempo. También advierte lo obvio: el salto de un modelo animal a un paciente oncológico real está lejos de estar garantizado, y el diseño de los ensayos clínicos será lo que decida si esta protección se traduce en algo clínicamente significativo.

Fuente: GEN – Genetic Engineering & Biotechnology News (estudio publicado en Science).

Foto: «R-CHOP infusion», dominio público (CC0 1.0), vía Openverse.