Un equipo internacional de neurocientíficos, entre ellos Robin Carhart-Harris y Christopher Timmermann, identificó un nuevo patrón en la actividad cerebral bajo DMT: espirales de actividad eléctrica que se propagan por la corteza y cuya intensidad sigue de cerca la experiencia subjetiva del viaje, con los cambios más marcados no en el pico de la experiencia sino durante su descenso y recuperación.

Qué son las «espirales» cerebrales

El estudio introduce dos medidas nuevas: la vorticidad espiral (SV), que cuantifica cuánto gira la actividad eléctrica dentro de distintas regiones de la corteza, y su dispersión espacial (SSVD), que mide cuánto varía ese giro entre una región y otra. Se trata de una forma de mirar la organización rotacional de la actividad cerebral, distinta de las medidas de entropía o desorden que dominaron la investigación psicodélica de la última década.

Cómo se hizo el estudio

Los investigadores reanalizaron datos de resonancia magnética funcional de un ensayo cruzado, con diseño ciego simple y controlado con placebo, en el que 25 voluntarios sanos recibieron DMT intravenoso o solución salina en dos jornadas separadas por dos semanas. Tres personas quedaron fuera por exceso de movimiento durante el escaneo, dejando 17 participantes para el análisis principal y 14 para el análisis más fino, minuto a minuto, de cómo evolucionaba la experiencia subjetiva.

Qué encontraron

Tras la administración de DMT, tanto la vorticidad espiral como su dispersión espacial aumentaron de forma estadísticamente robusta frente a las condiciones de placebo y a los registros previos a la droga. Al mismo tiempo, cayó la irreversibilidad temporal de la señal —una medida de cuán distinguible es el sentido «hacia adelante» del «hacia atrás» en el tiempo de la actividad cerebral—, lo que sugiere una dinámica menos encauzada en una sola dirección. Los cambios fueron más marcados en la red neuronal por defecto y en regiones visuales y de atención, y, de forma inesperada, la reorganización más intensa no ocurrió en el punto más alto del viaje sino durante el descenso y la recuperación posterior.

Qué aporta frente a otras teorías

El hallazgo se suma a —y matiza— el debate más amplio sobre cómo describir lo que el DMT y otros psicodélicos hacen al cerebro, un terreno donde la influyente hipótesis del «cerebro entrópico» viene recibiendo críticas crecientes de otros laboratorios. A diferencia de medir solo cuán caótica es la señal cerebral, las espirales capturan además su organización rotacional y cómo se distribuye en el espacio, ofreciendo una firma neuronal que sigue la experiencia momento a momento. Se trata, de todos modos, de un estudio con una muestra pequeña y un diseño de reanálisis, por lo que sus autores lo presentan como una medida prometedora y no como una explicación causal cerrada de la experiencia psicodélica. Quien quiera profundizar en la trayectoria científica detrás de estos debates puede leer el perfil de Portal Psicodélico sobre Robin Carhart-Harris, coautor de este nuevo estudio, y revisar la guía completa de psicodélicos para entender mejor cómo actúa el DMT en el organismo. La cobertura completa sobre neurociencia psicodélica está reunida en la sección de Ciencia del sitio.

Fuente: Blossom Research / Preprints.org