La ketamina lleva años sorprendiendo a la psiquiatría por una característica que la distingue de todos los antidepresivos convencionales: su capacidad para aliviar síntomas de depresión grave en cuestión de horas, no de semanas. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de la Ciudad de Yokohama, en Japón, ha dado un paso crucial para entender por qué, publicando en marzo de 2026 un estudio en la revista Molecular Psychiatry que fotografía por primera vez los cambios cerebrales que la ketamina desencadena en tiempo real.
La técnica que lo hizo posible
El equipo liderado por el profesor Takuya Takahashi empleó tomografía por emisión de positrones (PET) de última generación para observar directamente los cambios en los receptores AMPA de glutamato en el cerebro de pacientes con depresión tratados con ketamina. Los receptores AMPA son proteínas que median la transmisión excitatoria del glutamato, el principal neurotransmisor excitatorio del sistema nervioso central.
Hasta ahora, el papel de estos receptores en el efecto antidepresivo de la ketamina era fundamentalmente teórico, deducido a partir de estudios en animales y modelos computacionales. La novedad de este trabajo radica en que por primera vez se ha podido observar ese proceso directamente en el cerebro humano vivo, con una resolución temporal y espacial sin precedentes.
El mecanismo: una cascada de plasticidad sináptica
La ketamina actúa primariamente bloqueando los receptores NMDA de glutamato. Paradójicamente, este bloqueo inicial desencadena una cascada de eventos que termina por potenciar la actividad de los receptores AMPA. Según el nuevo estudio, este aumento en la actividad AMPA provoca la liberación de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína clave para la formación de nuevas sinapsis y la regeneración de circuitos neuronales deteriorados por la depresión crónica.
En términos simples: la ketamina «reinicia» circuitos cerebrales que en la depresión crónica se han vuelto rígidos e inflexibles, restaurando la plasticidad sináptica con una rapidez que ningún antidepresivo convencional puede igualar. Esto explica por qué sus efectos se manifiestan en horas y no en semanas.
Implicaciones para el tratamiento de la depresión resistente
Estos hallazgos tienen implicaciones directas para el desarrollo de nuevos fármacos. Si se pueden identificar con precisión qué subtipos de receptores AMPA son los más relevantes para el efecto antidepresivo, sería posible diseñar moléculas que activen selectivamente esos receptores sin los efectos disociativos que limitan el uso más amplio de la ketamina.
Paralelamente, estudios recientes presentados en el congreso anual de la Sociedad Americana de Medicina de Adicciones (ASAM) en 2026 sugieren que la ketamina podría tener un doble efecto terapéutico en pacientes que sufren simultáneamente depresión mayor y trastorno por uso de alcohol, reduciendo tanto los síntomas depresivos como el deseo de consumir alcohol. Esta «doble acción» abre perspectivas terapéuticas muy relevantes, dado que la comorbilidad entre depresión y adicciones es extraordinariamente frecuente.
Esketamina: de lo experimental a lo clínico
El enantiómero S de la ketamina, comercializado como Spravato (esketamina) en forma de spray nasal, ya cuenta con aprobación de la FDA para la depresión resistente y los pensamientos suicidas agudos. Estudios recientes muestran que pacientes con depresión resistente tratados con Spravato pasan de síntomas de moderados a severos a un rango leve en apenas cuatro semanas, manteniéndose estables durante los cuatro meses siguientes.
La comprensión más profunda de los mecanismos cerebrales de la ketamina no solo valida su uso clínico actual, sino que abre la puerta a una nueva generación de antidepresivos de acción rápida que podrían salvar vidas en situaciones de crisis.
Fuente: ScienceDaily / Psychiatry Advisor – https://www.sciencedaily.com/releases/2026/03/260307213234.htm