Pocas figuras del siglo XX generan tanta polémica y fascinación a la vez como Timothy Leary. Psicólogo formado en Berkeley, profesor en Harvard y luego el rostro más visible —y más perseguido— de la contracultura psicodélica de los años sesenta, Leary pasó de ser un investigador académico respetado a convertirse, según el propio presidente Richard Nixon, en «el hombre más peligroso de América». Su figura condensa como ninguna otra la tensión entre la ciencia psicodélica seria y el activismo cultural desbordado, una tensión que todavía atraviesa el campo hoy, medio siglo después.
Vida y formación
Nacido el 22 de octubre de 1920 en Springfield, Massachusetts, Leary tuvo una trayectoria académica errática antes de encontrar su rumbo: pasó por la educación jesuita del College of the Holy Cross, por la Academia Militar de West Point (de la que salió tras conflictos con otros cadetes) y por la Universidad de Alabama, de donde fue expulsado y terminó sus estudios por correspondencia. Obtuvo una maestría en psicología en Washington State College en 1946 y, en 1950, un doctorado en psicología clínica en la Universidad de California, Berkeley. En 1952 vivió un año en España con una beca de investigación, antes de instalarse como profesor en Harvard a fines de 1959. El punto de inflexión de su vida llegó en agosto de 1960, en Cuernavaca, México, cuando probó por primera vez hongos psilocibios: la experiencia, dijo después, le enseñó más sobre la mente humana que todos sus años de estudio formal.
Contribuciones principales a la investigación psicodélica
De regreso en Harvard, Leary fundó junto a Richard Alpert (más tarde conocido como Ram Dass) el Harvard Psilocybin Project, uno de los primeros programas universitarios dedicados a estudiar sistemáticamente los efectos de las sustancias psicodélicas. De ese proyecto surgieron dos estudios hoy célebres: el Experimento de la Prisión de Concord, que exploró si la psilocibina podía reducir la reincidencia delictiva, y el Experimento de la Capilla Marsh, sobre experiencias místicas inducidas químicamente. Las tensiones con la facultad de Harvard por la falta de controles científicos y la participación directa de los investigadores en las sesiones llevaron a su despido en 1963.
Ese mismo año, junto a Alpert, fundó la Federación Internacional para la Libertad Interior (IFIF), que luego se trasladó a la mansión Hitchcock en Millbrook, Nueva York, convertida en un centro comunitario de experimentación psicodélica. En 1966 reorganizó el grupo como la Liga para el Descubrimiento Espiritual, con el LSD como sacramento central. Leary también acuñó conceptos que siguen vigentes en la investigación actual, como el de «set and setting» (la influencia decisiva de la disposición mental y el entorno sobre una experiencia psicodélica), hoy estándar en cualquier protocolo clínico serio.
Cita memorable
«Turn on, tune in, drop out» («Enciende, conecta, abandona»), la frase que pronunció en el Human Be-In de San Francisco en 1967 —y que, según él mismo reconoció, le sugirió el teórico de medios Marshall McLuhan—, se convirtió en el lema no oficial de toda una generación. Leary insistió, sin embargo, en que su mensaje más profundo era otro: «Piensa por ti mismo y cuestiona la autoridad».
Legado y relevancia actual
La vida de Leary después de Harvard fue tan accidentada como su juventud: 36 arrestos, una condena por marihuana anulada por la Corte Suprema en 1969, una fuga de prisión en 1970 y un exilio que lo llevó de Argelia a Afganistán, donde fue capturado en 1972. Salió de prisión en 1976 y pasó sus últimos años en Los Ángeles, reinventado como conferencista y entusiasta de la informática —llegó a llamar a la computadora personal «el LSD de los noventa»—. Murió el 31 de mayo de 1996, a los 75 años, documentando públicamente su propio proceso de morir.
Investigadores como Rick Doblin, fundador de MAPS, han cuestionado el rigor de varios de sus estudios. Pero su legado va más allá de la ciencia: fue quien puso la pregunta psicodélica en el centro de la cultura, abriendo el camino al renacimiento psicodélico que hoy se investiga en Johns Hopkins o Imperial College London.
Recursos para saber más
Para profundizar en su figura, los libros más recomendables son «Flashbacks» (1983), su autobiografía, y «The Psychedelic Experience» (1964), escrito junto a Richard Alpert y Ralph Metzner como una guía basada en el Libro Tibetano de los Muertos. En video, su entrevista en el programa «Firing Line» de William F. Buckley (1967) sigue siendo un documento fascinante del choque entre la cultura establecida y la contracultura psicodélica, disponible en YouTube.
Imagen: «Timothy Leary, 1979» por Crawford Brian, licencia CC BY-SA 2.0, vía Flickr.