Durante más de una década, la neurociencia describió el estado psicodélico como una especie de tormenta eléctrica cerebral: una pérdida generalizada del orden habitual con el que las distintas regiones del cerebro se coordinan entre sí. Un nuevo estudio publicado en Nature y liderado por investigadores del Instituto Turner para la Salud Cerebral y Mental de la Universidad Monash, en Australia, propone una lectura distinta: bajo la psilocibina, el cerebro no se desorganiza al azar, sino que reconfigura su actividad para alinearse con lo que la persona está viviendo en ese momento.

Más allá del caos: qué encontraron los investigadores

El equipo, dirigido por Devon Stoliker y Adeel Razi, trabajó con 63 adultos sanos sin experiencia previa relevante con psicodélicos, a quienes se administró una dosis estandarizada de 19 miligramos de psilocibina. Cada participante pasó por dos sesiones —una con placebo y otra con la sustancia— combinando resonancia magnética funcional (fMRI) y electroencefalografía (EEG) mientras atravesaba cuatro estados distintos: reposo con ojos cerrados, meditación guiada, música evocadora y un video silencioso de nubes en movimiento.

Cómo se diseñó el estudio

La medida tradicional de «modularidad» cerebral —que indica cuán separadas están las redes funcionales del cerebro— cayó de forma consistente bajo psilocibina en las cuatro condiciones. Sin embargo, esa caída por sí sola no predijo cómo se sentían los participantes. La clave apareció cuando el equipo aplicó modelos de aprendizaje automático capaces de rastrear la actividad cerebral momento a momento, en lugar de promediarla: un clasificador logró identificar en qué condición estaba cada persona con una precisión que subió del 62% en la sesión basal a casi el 98% bajo el efecto de la sustancia, en quienes reportaron efectos subjetivos más intensos.

El cerebro que se alinea con el contexto

Ese patrón, al que los autores llaman «alineación de contexto», se relacionó con mayor intensidad en experiencias de tipo místico, sensación de unidad y disolución del sentido del yo, pero no con ansiedad o confusión. Dos redes cerebrales resultaron especialmente determinantes: la red neuronal por defecto, asociada a la introspección, y la red visual, que procesa estímulos externos. «Los psicodélicos podrían ofrecer una ventana a cómo el cerebro mantiene habitualmente la experiencia de ser un yo separado dentro del mundo», explicó Stoliker a PsyPost.

Qué significa esto para la terapia psicodélica

El hallazgo respalda, con una base biológica concreta, la importancia que la terapia psicodélica asigna al «set and setting» —la disposición mental y el entorno— como factores que moldean la experiencia. Expertos externos consultados, como Enzo Tagliazucchi (Universidad de Buenos Aires) y Alex Kwan (Universidad de Cornell), coincidieron en el valor del tamaño de la muestra y la solidez del análisis, aunque señalaron limitaciones: el diseño fue abierto, sin placebo activo, y las cuatro condiciones se presentaron siempre en el mismo orden. Los autores remarcan que se trata de voluntarios sanos, por lo que los resultados aún deben confirmarse en personas que atraviesan una terapia psicodélica por depresión, ansiedad u otros diagnósticos.

Para profundizar en cómo estas sustancias actúan sobre la mente y el cuerpo, puede consultarse la guía completa de psicodélicos de Portal Psicodélico. También puede interesar: cómo los psicodélicos reorganizan el «espacio de trabajo global» de la consciencia.

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Imagen: «Brain Tree» por Ryan Somma, licencia BY-SA.

Fuente: PsyPost