La biotecnológica canadiense Clearmind Medicine anunció que la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO) le otorgó la patente número 12.350.242, titulada «Reguladores del Comportamiento Compulsivo» (Binge Behavior Regulators), que protege el uso de su molécula MEAI para tratar comportamientos compulsivos como el consumo excesivo de alcohol, los atracones de comida y el juego patológico.
Un compuesto psicodélico sin el «viaje»
El MEAI (5-metoxi-2-aminoindano) es un compuesto derivado de la familia de los psicodélicos, pero que Clearmind desarrolla específicamente por no producir efectos alucinógenos ni un estado alterado de conciencia comparable al de la psilocibina, el LSD o la MDMA. La compañía lo enmarca dentro de una tendencia más amplia de la investigación psicodélica: aislar los efectos terapéuticos sobre la neuroplasticidad y la regulación del comportamiento, sin el componente subjetivo del «viaje», que complica su uso clínico y regulatorio.
Qué protege exactamente la patente
La patente cubre tanto la composición química del MEAI como los métodos específicos para utilizarlo en la regulación de conductas compulsivas vinculadas a distintas formas de adicción conductual y de sustancias. Con esta incorporación, Clearmind eleva a 32 el número de patentes otorgadas dentro de 19 familias distintas de propiedad intelectual, una cartera que la compañía viene construyendo activamente en los últimos años como respaldo de su estrategia comercial.
El foco en adicciones, un nicho menos explorado
A diferencia de la mayoría de las empresas del sector, que concentran sus esfuerzos en depresión resistente al tratamiento o estrés postraumático, Clearmind apuesta por las adicciones al alcohol y a la comida como su indicación principal. Es un nicho con menos competencia directa, pero también con una vara regulatoria distinta: al no ser un alucinógeno clásico, el camino de aprobación del MEAI podría diferir del que siguen actualmente la psilocibina o el MDMA ante la FDA.
Por qué importa
El reconocimiento de una patente no equivale a la aprobación de un medicamento, pero sí protege comercialmente a la compañía mientras avanza con sus estudios preclínicos y clínicos. Para el ecosistema psicodélico en general, cada nueva patente sobre compuestos no alucinógenos refuerza una apuesta científica cada vez más consolidada: que buena parte del beneficio terapéutico de estas moléculas puede lograrse sin necesidad de inducir una experiencia psicodélica completa.
Foto: undefined, licencia CC BY 2.0 vía Openverse (Wikimedia Commons)
Fuente: BioTuesdays