Un nuevo metaanálisis publicado en 2026 aporta la evidencia más sólida hasta la fecha sobre la forma más simple y barata de administrar ketamina: por vía oral. La revisión sistemática concluye que la ketamina oral reduce de manera significativa los síntomas depresivos frente al placebo, con una certeza moderada de la evidencia.
Qué se revisó
Los autores reunieron ocho ensayos clínicos aleatorizados con un total de 414 pacientes y evaluaron el efecto a corto plazo de la ketamina oral en la depresión unipolar, la depresión bipolar y la depresión resistente al tratamiento. La comparación se hizo contra placebo y también contra otras vías de administración de la misma molécula.
Por qué importa la vía oral
Hasta ahora, el acceso a la ketamina y a su derivado, la esketamina intranasal (Spravato), aprobada por la FDA en 2019 para la depresión resistente, ha estado limitado por la necesidad de administrarla en entornos clínicos supervisados, con infusiones intravenosas o aerosoles bajo control médico. La versión oral, en cambio, es mucho más fácil de dosificar y podría ampliar el tratamiento a pacientes que no son candidatos a las otras modalidades, más costosas y logísticamente exigentes.
Resultados con cautela
El metaanálisis subraya que, si bien la señal de eficacia es clara, la evidencia todavía es emergente. El número de participantes es modesto y los estudios varían en dosis y duración: algunos ensayos recientes probaron dosis diarias de 120 o 240 miligramos durante tres semanas. Los investigadores piden ensayos más amplios y prolongados antes de incorporar la ketamina oral como opción de primera línea.
Un tratamiento en expansión
El interés por la ketamina como antidepresivo de acción rápida no ha dejado de crecer, en paralelo a estudios de neuroimagen que intentan explicar cómo reorganiza las conexiones cerebrales. La posibilidad de una formulación oral eficaz encaja con la tendencia a democratizar el acceso a estos tratamientos, especialmente en sistemas de salud con recursos limitados. Aun así, los expertos insisten en que la ketamina, en cualquiera de sus formas, requiere supervisión médica por su potencial de abuso y sus efectos disociativos.
Fuente: ScienceDirect
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