La mayoría de los ensayos con psilocibina miden una sola cosa: cuánto baja la puntuación de depresión. Un estudio publicado en el Journal of Affective Disorders se ha propuesto mirar lo que suele quedar fuera del titular —la ansiedad, la calidad de vida, la capacidad de funcionar en el día a día— en un grupo especialmente castigado: veteranos militares estadounidenses con depresión resistente al tratamiento.

Quince veteranos, una sola dosis

El diseño es modesto y los autores no lo disimulan: se trata de un estudio abierto, sin grupo control, con quince participantes. Cada uno recibió una única dosis de 25 miligramos de psilocibina acompañada de apoyo psicológico. El objetivo principal se evaluó a las tres semanas, pero el seguimiento se extendió hasta los doce meses, y diez de los participantes completaron ese recorrido largo.

Lo interesante está en la batería de instrumentos elegida. Además de la depresión, los investigadores midieron la ansiedad con la escala GAD-7, la calidad de vida con el cuestionario Q-LES-Q-SF, el deterioro funcional con la escala WSAS y los síntomas de estrés postraumático con el PCL-5. Es decir, intentaron capturar si la persona se sentía mejor y además vivía mejor.

Qué encontraron

La reducción de la ansiedad fue el resultado más llamativo: un 59% de descenso respecto al punto de partida en la semana tres, y una mejora que se mantuvo a lo largo de los doce meses de seguimiento. Los investigadores también observaron mejoras en calidad de vida, en funcionamiento cotidiano y en síntomas de estrés postraumático.

Los datos del mismo programa de investigación ofrecen además una fotografía del arco temporal completo: a los seis meses, la mitad de los participantes estaba en remisión y el 80% mostraba una respuesta clínicamente significativa, aunque el efecto antidepresivo comenzaba a debilitarse a partir del noveno mes. Ese detalle importa más de lo que parece: sugiere que la conversación sobre dosis de refuerzo y seguimiento a largo plazo no es un asunto teórico sino una necesidad práctica.

Las advertencias que toca hacer

Quince personas no son una muestra sobre la que construir una política sanitaria. Un estudio abierto —donde todos saben qué reciben— es especialmente vulnerable al efecto de la expectativa, y en el caso de los psicodélicos ese problema es notorio: los participantes casi siempre saben si les tocó la sustancia activa. Añádase que quienes se apuntan voluntariamente a un ensayo con psilocibina rara vez son escépticos sobre ella.

Dicho eso, el valor del trabajo no está en demostrar eficacia, sino en abrir el foco. Que la ansiedad y el funcionamiento diario mejoren de forma sostenida durante un año en personas que llevaban años sin responder a nada es una señal que merece ensayos controlados más grandes. Y llega en un momento en que el sistema de salud para veteranos estadounidense está montando sus propios ensayos federales con psicodélicos.

Fuente: Journal of Affective Disorders

Imagen: John-Morgan, vía Openverse. Licencia CC BY.