Durante casi tres décadas, buena parte de la investigación psicodélica más citada del mundo salió de una casa de caza Tudor con tres torres y tres fosos, en un rincón del condado de Oxfordshire. Allí vivía y trabajaba Amanda Feilding (1943-2025), condesa de Wemyss y March, fundadora de la Beckley Foundation y probablemente la persona que más hizo por devolver los psicodélicos al laboratorio sin ocupar nunca un puesto académico. La prensa británica la llamó «la condesa del LSD»; la revista New Scientist prefirió «la reina de la consciencia».

Una educación fuera del guion

Amanda Claire Marian Feilding nació el 30 de enero de 1943 en Beckley Park, la casa familiar. A los 16 años se marchó de Inglaterra con 25 libras en el bolsillo rumbo a Ceilán —hoy Sri Lanka—, donde su padrino se había hecho monje budista. Nunca llegó: hizo autostop hasta la frontera siria y pasó una temporada conviviendo con beduinos antes de volver a casa.

De vuelta en Oxford estudió religiones comparadas y misticismo con el profesor R. C. Zaehner, y árabe clásico con Albert Hourani. Su primera experiencia psicodélica llegó a los 22 años, y no fue voluntaria: un conocido le puso una dosis enorme de LSD —entonces legal— en el café. El episodio la dejó tocada durante meses, pero también fijó la pregunta que la ocuparía el resto de su vida: ¿qué le ocurre exactamente al cerebro cuando cambia la consciencia?

El capítulo más incómodo

En 1970, Feilding se practicó a sí misma una trepanación con un taladro dental y filmó el proceso. Su hipótesis, heredada del holandés Bart Huges, era que abrir el cráneo restauraba la pulsación completa del riego sanguíneo cerebral, perdida al soldarse los huesos en la edad adulta. Incluso se presentó dos veces al Parlamento británico, en 1979 y 1983, con la propuesta de que la sanidad pública ofreciera el procedimiento.

Conviene decirlo con claridad: la comunidad médica nunca ha respaldado la trepanación como forma de expandir la consciencia, y no existe evidencia que la sustente. La propia Feilding reconocía que ese pasado le restó credibilidad como divulgadora. Pero la intuición de fondo —que el flujo sanguíneo cerebral es una pieza clave del estado mental— sí acabó orientando los estudios de neuroimagen que después financiaría.

1998: la Fundación Beckley

Feilding creó la Foundation to Further Consciousness, rebautizada después como Beckley Foundation, en un momento en que casi nadie financiaba investigación psicodélica. Su método fue sencillo y eficaz: identificar a científicos jóvenes con buenas preguntas, conseguirles dinero y permisos, y quitarse del medio.

El programa conjunto Beckley/Imperial College, junto a Robin Carhart-Harris y David Nutt, produjo algunos de los trabajos más influyentes del campo: el primer estudio de neuroimagen del cerebro bajo LSD (PNAS, 2016), el ensayo abierto de psilocibina para depresión resistente al tratamiento (The Lancet Psychiatry, 2016) y la investigación que vinculó la disolución del ego con un aumento de la conectividad global del cerebro (Current Biology, 2016). Feilding firmó como coautora más de cincuenta artículos revisados por pares.

La conexión española y latinoamericana

Beckley financió y coautorizó investigación con el equipo de Jordi Riba en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona: el estudio de 2016 en Psychopharmacology, con Joaquim Soler y Matilde Elices, mostró que una toma aguda de ayahuasca aumentaba capacidades relacionadas con el mindfulness. En política de drogas, el presidente guatemalteco Otto Pérez Molina la invitó en 2013 a asesorar sobre la reforma nacional, y en 2015 el ministro de Justicia jamaicano Mark Golding hizo lo propio para diseñar el sistema de regulación del cannabis del país. Antes, en 2011, había lanzado en la Cámara de los Lores la Iniciativa Global para la Reforma de las Políticas de Drogas.

Una frase suya

«El LSD puede llegar muy hondo y reiniciar el cerebro, como agitar una bola de nieve.»

Amanda Feilding, entrevista en The Guardian, 2019

Legado

En sus últimos años multiplicó las estructuras: Beckley Psytech (2019), fundada con su hijo Cosmo Feilding Mellen para convertir la investigación en fármacos y fusionada en 2025 con atai Life Sciences; Beckley Retreats (2021), con programas legales de psilocibina en Jamaica y Países Bajos; y Beckley Waves (2021), un estudio de capital riesgo. En 2022 recibió en la ONU el premio Pioneer del Women’s Entrepreneurship Day.

Feilding murió en Beckley Park el 22 de mayo de 2025, a los 82 años, tras un cáncer de hígado. Diez días antes había anunciado públicamente que abandonaba el tratamiento para pasar tiempo con los suyos. Su legado incomoda a quien busca héroes limpios: fue a la vez una autoexperimentadora temeraria y la gestora que puso el rigor metodológico donde solo había entusiasmo. Sin su terquedad de treinta años, el renacimiento psicodélico probablemente habría llegado mucho más tarde.

Para saber más

  • Web: beckleyfoundation.org — archivo abierto de sus publicaciones y reports de política de drogas.
  • Artículo: «Amanda Feilding: LSD can get deep down and reset the brain», The Guardian, 10 de febrero de 2019.
  • Papers: Carhart-Harris et al., PNAS 113(17), 2016; Soler, Elices, Feilding, Riba et al., Psychopharmacology 233(5), 2016.
  • Documental: A Hole in the Head (1998), disponible en YouTube, sobre la historia de la trepanación moderna.
  • Obituario: The Economist, 5 de junio de 2025.