Doce veteranos estadounidenses con trastorno de estrés postraumático severo y resistente a los tratamientos convencionales recibieron psilocibina sintética acompañada de psicoterapia intensiva. Un mes después, tres de cada cuatro ya no cumplían los criterios diagnósticos del trastorno. Los resultados del ensayo piloto acaban de publicarse en la revista Communications Medicine.
Un grupo para el que casi nada funciona
El estrés postraumático en población militar suele ser más severo, más crónico y más difícil de tratar que en la población civil. Muchos veteranos no responden ni a las terapias psicológicas estándar ni a los antidepresivos, lo que se traduce en discapacidad prolongada y en un riesgo elevado de suicidio. Ese vacío terapéutico es el que intentó abordar el equipo dirigido por Stacey B. Armstrong y Alan K. Davis, del Centro de Investigación y Educación sobre Drogas Psicodélicas de la Universidad Estatal de Ohio.
Once semanas, dos sesiones y dieciséis horas de terapia
El protocolo duró once semanas. Los participantes —nueve hombres y tres mujeres, con una edad media cercana a los 38 años— completaron primero ocho horas de terapia preparatoria destinadas a construir confianza con los clínicos y aprender técnicas de anclaje. Después llegaron dos sesiones de dosificación separadas entre dos y tres semanas: la primera con 15 miligramos de psilocibina sintética, la segunda con 25.
Durante las ocho horas de efecto agudo, dos facilitadores permanecieron en la sala controlando signos vitales y ofreciendo apoyo emocional. Los veteranos usaron antifaces y escucharon música para dirigir la atención hacia dentro. En los días posteriores a cada sesión se trabajó la integración, es decir, la traducción de lo vivido a la vida cotidiana. En total, unas dieciséis horas de acompañamiento psicoterapéutico.
Qué encontraron
No se registró ningún evento adverso grave. La frecuencia cardíaca y la presión arterial se mantuvieron dentro de límites seguros durante las sesiones, y los efectos secundarios más habituales —cefaleas leves, ansiedad transitoria, mareo— se resolvieron por sí solos.
En el seguimiento al mes, el 75% de los participantes ya no cumplía los criterios diagnósticos de TEPT. En la escala clínica estandarizada, la severidad media de los síntomas cayó 27,5 puntos. Los investigadores vigilaron además la ideación suicida y no detectaron aumento alguno: al mes, el 75% no reportaba ningún pensamiento suicida y el resto los describía como pasivos.
Un detalle llamativo: los veteranos ya mejoraban durante la fase preparatoria, antes de tomar la sustancia, lo que sugiere que el acompañamiento psicológico aporta parte del efecto. Los autores también comprobaron que las expectativas de los participantes sobre el tratamiento no predijeron su mejoría, un argumento en contra de que todo se explique por el placebo.
Las advertencias del propio equipo
Se trata de un estudio abierto, sin grupo control y con solo doce personas, todas ellas muy seleccionadas: quedaron fuera quienes tenían antecedentes de intentos de suicidio graves o trastornos psicóticos. Todo el mundo sabía que estaba recibiendo el fármaco activo, y el seguimiento se limitó a un mes, de modo que la durabilidad real sigue siendo una incógnita. La siguiente etapa, señalan los autores, exige ensayos aleatorizados y ciegos con muestras mayores que permitan separar cuánto aporta la molécula y cuánto la terapia.
Fuente: PsyPost
Imagen: «Sunset SPIE Rigging», DVIDSHUB, licencia CC BY 2.0.