Oregón lleva desde 2023 permitiendo que cualquier adulto mayor de 21 años acceda a psilocibina con un facilitador autorizado, sin necesidad de diagnóstico ni receta. Hasta ahora nadie había medido, de forma sistemática y en varios centros a la vez, qué le pasa a esa gente. El primer estudio que lo hace se publicó el 19 de agosto en JAMA Network Open, dirigido por la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón (OHSU), y sus autores no se andan con modestia: lo describen como el mayor estudio de psicodélicos realizado fuera de un ensayo clínico.

Qué midieron

El equipo reclutó a 346 personas que asistieron a una única sesión con psilocibina junto a un facilitador con licencia, entre noviembre de 2024 y junio de 2026, repartidas en 24 centros de servicio autorizados del estado. Cada participante informó de su estado mental a través de un portal web en cuatro momentos: antes de la sesión, una semana después, un mes después y tres meses después. El 90% siguió respondiendo hasta el final del seguimiento, una tasa de retención alta para este tipo de estudios.

Al mes, el 91,5% consideraba que la experiencia le había beneficiado y el 64,9% la situaba entre las diez vivencias más significativas de su vida. A los tres meses, los participantes declaraban menos síntomas moderados o graves de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático, además de mejoras en bienestar mental y satisfacción vital.

El dato que interesa a los reguladores: la seguridad

«La seguridad fue muy parecida a la que hemos visto con psicodélicos en entornos clínicos», resumió el autor principal, Todd Korthuis, profesor de medicina de la Facultad de Medicina de la OHSU. «Eso importa porque había una gran duda sobre si la seguridad de los ensayos clínicos, cuidadosamente controlados, se trasladaría al uso en el mundo real.»

Los números respaldan esa lectura con matices. Solo siete participantes calificaron su experiencia como dañina a los tres meses. Cuatro personas que tomaban psilocibina por primera vez tuvieron reacciones conductuales adversas que requirieron atención médica. Ninguna reportó un evento grave relacionado con su salud física. Korthuis recordó que la psilocibina no es apropiada para personas con psicosis, trastorno bipolar o embarazo, y que quien tenga condiciones médicas o psiquiátricas serias debería consultarlo con su equipo sanitario antes de acudir a un centro.

Un perfil distinto al de los ensayos

Hay una diferencia clave frente a los estudios clínicos previos: solo la mitad de los participantes de Oregón partía con síntomas de depresión moderada o grave. Es decir, el público del modelo de bienestar no clínico está, de media, más sano que el de un ensayo de depresión resistente. Aun así, la mayoría reportó mejoras. «Que algo no sea un modelo médico no significa que no pueda tener beneficios para la salud mental», señaló Korthuis.

La coautora sénior Adrianne R. Wilson-Poe, del Legacy Research Institute y codirectora junto a Korthuis del Oregon Psychedelic Evaluation Nexus (OPEN), fue más categórica: «Este artículo se va a citar durante décadas. Es el primer estudio a gran escala que monitorea la seguridad y los síntomas de salud mental de personas reales en el mundo real.»

Qué viene después

Más de 20.000 personas han pasado ya por los servicios autorizados de psilocibina de Oregón, según los datos de la autoridad sanitaria estatal. La barrera principal sigue siendo el precio: una sesión con facilitador cuesta entre cientos y miles de dólares. Varios condados, además, han optado por no permitir centros en su territorio, en parte por dudas sobre la seguridad. «Esos condados pueden encontrar tranquilizadores estos datos, igual que los legisladores que estén considerando medidas similares en otros estados», dijo Korthuis.

La plataforma de encuestas desarrollada para el estudio ya se ha extendido a Colorado, el segundo estado con servicios regulados de psilocibina, lo que permitirá comparaciones directas entre programas. Una subvención federal de 3,3 millones de dólares a cinco años financiará además el análisis del efecto de la psilocibina sobre el consumo de otras sustancias en quienes acuden a estos servicios.

Fuente: OHSU News

Foto: Francis Storr, CC BY-SA 2.0, vía Openverse.