El regulador de medicamentos de Nueva Zelanda, Medsafe, autorizó a dos psiquiatras del país a recetar y administrar MDMA a pacientes con trastorno de estrés postraumático. El anuncio, hecho público el viernes, convierte al país en el segundo de Oceanía en abrir una vía legal de acceso a esta sustancia fuera de un ensayo clínico.
Dos médicos, ninguno con permiso doble
La autorización llega poco más de un año después de que Nueva Zelanda habilitara al primer psiquiatra para recetar psilocibina en depresión resistente al tratamiento. Hoy hay dos clínicos habilitados para la psilocibina y otros dos, distintos, para el MDMA. Según James Bunn, cofundador de la organización formativa The Psychedelic Training Centre NZ, hasta ahora nadie ha obtenido permiso para prescribir ambas sustancias.
Tanto el Ministerio de Salud como los impulsores de la medida subrayaron que el MDMA no se entregará como un fármaco suelto, sino dentro de un programa de tratamiento más amplio y en combinación con psicoterapia. El esquema replica en buena medida el modelo australiano, vigente desde julio de 2023, aunque con una diferencia técnica importante: Nueva Zelanda no reclasificó las sustancias, sino que autoriza prescriptores caso por caso.
Quince pacientes al año, 9.000 dólares por tratamiento
El entusiasmo político contrasta con la escala real del acceso. El viceprimer ministro David Seymour presentó la decisión como prueba del compromiso del Gobierno con los tratamientos innovadores, en plena antesala de las elecciones de noviembre. Pero los números invitan a la cautela: en Australia, el país que sirve de espejo, el número de pacientes tratados nunca superó el centenar anual, según datos del regulador local.
El doctor Gary Wynn, uno de los dos psiquiatras habilitados, explicó que su protocolo de tres dosis le permite atender como máximo unos quince pacientes por año, y que espera empezar más despacio todavía. Wynn tardó trece meses en conseguir la autorización, aunque calcula que los próximos solicitantes podrían resolverlo en unos seis. Espera dosificar a sus primeros pacientes en uno o dos meses.
El obstáculo mayor es económico. En Nueva Zelanda no existe financiación pública para estas terapias: los pacientes pagan de su bolsillo, y el coste estimado ronda los 15.000 dólares neozelandeses, unos 9.000 dólares estadounidenses. Bunn señala que la posibilidad de reclamar el gasto a la Accident Compensation Corporation, el sistema estatal de compensación, sigue estando muy lejos. En Australia, en cambio, ya hay un pagador público (el Departamento de Asuntos de Veteranos) y uno privado (Medibank) que reembolsan la terapia psicodélica en algunos casos.
El cuello de botella son los terapeutas
Para ser aprobado, un clínico debe demostrar experiencia sustancial y detallar cómo administrará el tratamiento de forma segura. El problema es que esa experiencia es difícil de obtener en un país con muy pocos ensayos clínicos con psicodélicos. Wynn acreditó un certificado en terapia asistida por psicodélicos de la organización australiana Mind Medicine Australia, un componente experiencial a través de la canadiense TheraPsil y más de cien sesiones dirigiendo una clínica de ketamina.
Bunn defiende que los equipos no tienen por qué estar formados solo por psiquiatras: otros profesionales sanitarios con formación adecuada podrían participar en las sesiones bajo la supervisión del prescriptor autorizado. El regulador ya estudia nuevas solicitudes, varias de ellas de egresados de su propio programa. Pese a los límites, Wynn se muestra optimista: dice no haber escuchado ninguna reacción negativa, más allá de la frustración por el precio.
Fuente: Psychedelic Alpha
Imagen: National Library of New Zealand Wellington 2015 por Pear285, licencia CC BY-SA.