Dormir en el quirófano para sanar el trauma
Un equipo de la Universidad de Stanford lleva años documentando algo inesperado: bajo ciertos protocolos de anestesia, algunos pacientes no solo permanecen inconscientes durante la cirugía, sino que sueñan. Y esos sueños, en varios casos registrados, coincidieron con mejoras notables en personas que llevaban años atrapadas en un trastorno de estrés postraumático (TEPT) sin respuesta a otros tratamientos.
El hallazgo llevó a los investigadores a preguntarse si esos «sueños de anestesia» podrían ofrecer una vía alternativa —y más controlada— hacia los mismos mecanismos cerebrales que activan los psicodélicos durante una experiencia terapéutica.
Un protocolo diseñado para soñar
Para aumentar las probabilidades de que un paciente sueñe durante una cirugía ambulatoria, el equipo de Stanford desarrolló un protocolo de cinco elementos que comienza antes de que el paciente pierda la conciencia: se le habla, se le prepara verbalmente y se ajustan variables de la anestesia para favorecer estados oníricos en lugar de la habitual desconexión total. Los investigadores anestesiaron así a pacientes que ya iban a someterse a cirugías electivas ambulatorias, sin necesidad de exponerlos a ninguna sustancia psicodélica.
¿Qué tiene esto que ver con la psilocibina o el LSD?
La hipótesis de fondo conecta con una de las preguntas más debatidas de la psiquiatría psicodélica: ¿el beneficio terapéutico depende de la experiencia subjetiva —el «viaje»— o de cambios neurológicos que también podrían inducirse por otras vías? Si los sueños bajo anestesia resultan tener un efecto comparable, ofrecerían una alternativa mucho más accesible: no requieren un compuesto controlado, se administran dentro de un procedimiento médico ya rutinario y podrían resultar más aceptables para pacientes reacios a experimentar los efectos de una sustancia psicodélica.
De la sala de cirugía a la psiquiatría
Por ahora, la mayoría de la evidencia proviene de casos documentados en cirugías que no tenían fines psiquiátricos: el objetivo inicial de los investigadores es simplemente mejorar la experiencia de las decenas de miles de personas que cada año pasan por un quirófano, reduciendo el miedo y la ansiedad asociados a la anestesia. Pero el equipo de Stanford ya proyecta un camino más ambicioso: convertir este protocolo en una intervención psiquiátrica de acción rápida, pensada para personas en crisis de salud mental que necesitan alivio antes de que una terapia tradicional pueda hacer efecto.
Todavía falta financiamiento y ensayos clínicos formales para confirmar si los sueños de anestesia realmente replican los beneficios de una sesión con psilocibina o MDMA, pero la idea ya se ganó un lugar en el debate sobre qué es lo que realmente cura en la terapia psicodélica.
Fuente: Stanford Medicine