Qué es ASCENT-IBO
La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud (ARPA-H), una entidad federal estadounidense creada para financiar innovaciones médicas de alto riesgo y alto impacto, abrió una convocatoria llamada ASCENT-IBO para financiar ensayos clínicos acelerados —que combinan las fases I y II en un solo estudio— sobre el uso de la ibogaína en personas con trastorno por consumo de opioides de alto riesgo.
La ibogaína es un alcaloide psicoactivo que se extrae de la corteza de la raíz de Tabernanthe iboga, un arbusto originario de África central usado tradicionalmente en ceremonias del pueblo bwiti de Gabón. En las últimas décadas ganó notoriedad por reportes —hasta ahora mayormente anecdóticos o de estudios pequeños— de que una sola dosis puede interrumpir de forma abrupta el síndrome de abstinencia a opioides, aunque conlleva un riesgo cardíaco documentado y potencialmente mortal que exige supervisión médica estricta.
Quién puede aplicar y cuándo
ARPA-H privilegia explícitamente a equipos comerciales que ya cuenten con una solicitud de nuevo fármaco en investigación (IND) activa o inminente ante la FDA. El cronograma es apretado: el registro para el «Día de Proponentes» cerró el 7 de septiembre, el evento se realiza el 15 de septiembre, y las organizaciones interesadas tienen hasta el 15 de octubre para enviar un resumen de su propuesta de no más de seis páginas.
Una pieza más del rompecabezas federal
Esta convocatoria es la traducción concreta de la orden ejecutiva 14401, firmada en abril de 2026, que instruyó a varias agencias federales a acelerar la investigación de psicodélicos —con la ibogaína como uno de los ejemplos citados explícitamente— para tratar enfermedades mentales graves. Es, además, un esfuerzo paralelo al que ya lleva adelante el estado de Texas, que destinó 50 millones de dólares a un consorcio liderado por UTHealth Houston para estudiar la ibogaína en pacientes con adicciones y lesión cerebral traumática. ARPA-H, en cambio, apunta a financiar directamente a las compañías que ya están desarrollando el fármaco con fines comerciales.
La sombra cardíaca que nadie puede ignorar
Ningún organismo regulador ha aprobado todavía la ibogaína para uso clínico en Estados Unidos, y los especialistas insisten en que la sustancia sigue siendo poco estudiada y conlleva un riesgo real de arritmias fatales fuera de un entorno controlado. La apuesta de ARPA-H es, precisamente, generar los datos rigurosos que hoy faltan para saber si sus beneficios potenciales contra la adicción a opioides justifican ese riesgo bajo supervisión médica.
Fuente: ARPA-H