Una investigación publicada por The New York Times —firmada por Noah Daly y Andrew Jacobs, y actualizada el 14 de septiembre— documenta una serie de casos en los que estadounidenses sufrieron daños graves, e incluso murieron, tras someterse a tratamientos psicodélicos en clínicas y retiros fuera de Estados Unidos, principalmente en México y Costa Rica.

Entre los casos que reconstruye la investigación se encuentra el de una trabajadora social de 40 años, de Nuevo México, que sufrió un infarto fatal en agosto de 2024 tras tomar ibogaína en un retiro en Costa Rica. También el de un paciente que murió durante un proceso de desintoxicación en una clínica psicodélica en México en 2025, y el de un inspector de edificios de 41 años, de Alabama, que falleció en junio por falla multiorgánica después de ingerir ayahuasca en un retiro espiritual en el extranjero.

Un mercado que creció más rápido que la regulación

El reportaje describe cómo la floreciente industria de retiros psicodélicos internacionales —que atrae a pacientes estadounidenses en busca de tratamientos para el estrés postraumático, la adicción o el dolor emocional que no están legalmente disponibles en su país— opera en gran medida fuera del alcance de los organismos de salud de Estados Unidos. Al tratarse de establecimientos ubicados en otras jurisdicciones, los pacientes que sufren negligencia médica, sobredosis o complicaciones cardíacas tienen escaso o nulo recurso legal si algo sale mal.

La investigación señala que muchas personas llegan a estos retiros en «estados vulnerables» —atravesando crisis de salud mental, adicciones o duelos— lo que las expone aún más ante instalaciones sin la supervisión médica adecuada, protocolos de detección de riesgos cardíacos insuficientes o personal sin la formación necesaria para manejar emergencias.

Un debate que también llegó a la FDA

El tema no es ajeno al debate regulatorio dentro de Estados Unidos: en la reciente audiencia pública de la FDA sobre psicodélicos, varios veteranos relataron haber viajado al extranjero para acceder a tratamientos con ibogaína o ayahuasca ante la falta de opciones legales en su país, mientras que defensores de la seguridad advirtieron sobre los riesgos de salud —incluyendo psicosis, alteraciones visuales, manía, pensamientos suicidas y problemas cardíacos— que pueden derivar de un uso no supervisado adecuadamente.

La investigación del Times pone así sobre la mesa una tensión central del «renacimiento psicodélico»: mientras Estados Unidos avanza —aunque todavía con cautela— hacia la aprobación regulatoria de estas terapias, la demanda de pacientes desesperados por acceder a un tratamiento ya está alimentando un mercado internacional de retiros con supervisión desigual, y a veces trágicamente insuficiente.

Fuente: The New York Times

Imagen: dominio público (CC0)