Una nueva encuesta de la corporación RAND, difundida en junio, estima que 4,8 millones de veteranos estadounidenses —una cifra que sorprendió incluso a los propios investigadores— consumieron alguna vez psilocibina, LSD o MDMA a lo largo de su vida. El dato reposiciona a los psicodélicos como un fenómeno ya extendido dentro de una población que históricamente asocia el consumo de sustancias con el estigma castrense.
Un consumo más frecuente de lo asumido
El estudio, uno de los primeros en cuantificar con precisión el uso de psicodélicos específicamente entre veteranos, muestra que la experiencia con estas sustancias no se limita a un puñado de casos aislados: representa a una porción significativa de quienes sirvieron en las Fuerzas Armadas. RAND encuestó a veteranos sobre su historial de consumo y, por separado, sobre sus preferencias de política pública hacia cada sustancia.
Preferencias que cambian según la droga
Uno de los hallazgos más relevantes es que las opiniones de los veteranos no son uniformes: el respaldo a la legalización o el acceso terapéutico varía notablemente según se trate de psilocibina, LSD o MDMA. La psilocibina, asociada de forma más directa a tratamientos para la depresión y el estrés postraumático, tiende a generar mayor aceptación que otras sustancias con una imagen pública más ligada al uso recreativo.
El silencio frente al médico
Quizás el dato más preocupante para el sistema de salud es que alrededor de la mitad de los veteranos que consumieron psicodélicos no está segura de si debería —o podría— contárselo a su médico del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA). Esa incertidumbre refleja el desfase entre una realidad de consumo ya masiva y un sistema de salud que todavía no tiene protocolos claros ni garantías explícitas de confidencialidad para este tipo de revelaciones.
Por qué importa ahora
El momento del estudio no es casual: coincide con una ola de ensayos clínicos y programas piloto financiados por el propio VA para evaluar terapias asistidas con MDMA y psilocibina en veteranos con estrés postraumático, además de la creciente presión legislativa —incluida la reciente Ley IBOGAINE en el Congreso— para flexibilizar el acceso a estos compuestos. Conocer cuántos veteranos ya los probaron, y por qué callan esa información, se vuelve clave para diseñar políticas de reducción de riesgos y de atención médica que no dejen a esa población fuera del sistema.
RAND planea profundizar este trabajo con estudios de seguimiento que exploren los motivos del consumo, las experiencias reportadas y el impacto percibido en la salud mental de quienes decidieron probar estas sustancias por fuera de un entorno clínico.
Fuente: RAND Corporation
Foto: KurtClark, licencia by 2.0 vía Openverse