Lograr una excepción legal para usar ayahuasca en Canadá le tomó a la iglesia Santo Daime de Montreal casi una década. La historia, poco conocida fuera de los círculos académicos, la reconstruyó el investigador canadiense Kenneth Tupper, doctor en estudios de educación por la Universidad de Columbia Británica, en una entrevista reciente con el podcast Psychedelics Today.

Un pedido que tardó diez años

La tesis doctoral de Tupper analizó cómo Health Canada manejó el pedido de esta iglesia de origen brasileño, radicada en Montreal, para obtener una exención según el artículo 56 de la Ley de Drogas y Sustancias Controladas y así poder importar legalmente su sacramento desde Brasil. Mediante un pedido de acceso a la información, Tupper consiguió unas 380 páginas de documentos internos del gobierno, incluido un análisis interno de unas 20 páginas que recomendaba conceder la exención. Aun así, el trámite tardó alrededor de diez años, en parte por un cambio de gobierno y por desacuerdos de importación y exportación con Brasil.

Una excepción estrecha: «esto no es un medicamento»

Cuando finalmente se aprobó, la exención quedó limitada de forma estricta al uso religioso y ceremonial, con una condición explícita: «no se puede hacer ninguna afirmación de salud, esto no es un medicamento», resume Tupper sobre los términos impuestos. El investigador compara el caso con el fallo de la Corte Suprema de EE. UU. en el caso UDV y con las políticas de Países Bajos y España, y señala que la ayahuasca —una bebida que, en el caso del Santo Daime, combina solo dos plantas, mientras que las tradiciones amazónicas suelen usar muchas más— encaja mal dentro de los tratados internacionales de control de drogas.

De la reducción de riesgos en fiestas electrónicas a la política pública

Antes de dedicarse a la ayahuasca, Tupper pasó casi dos décadas al frente de la política de drogas en salud pública de Columbia Británica, donde trabajó en educación sobre drogas en las escuelas, respuesta a sobredosis (naloxona, sitios de consumo supervisado, chequeo de sustancias) y tratamiento con agonistas opioides. Su interés por la reducción de riesgos empezó con DanceSafe, donde dirigió un capítulo y analizaba pastillas en fiestas electrónicas durante los años noventa, cuando circulaban pastillas adulteradas vendidas como MDMA. Sostiene que la misma lógica de seguridad del consumidor que redujo daños en alimentos y medicamentos nunca se aplicó a las sustancias psicoactivas, y que la prohibición no funciona porque el mercado ilegal se adapta —hoy, dice, con una preocupación creciente por nuevos opioides sintéticos.

Un llamado a la cautela dentro del propio movimiento

Tupper no idealiza el panorama. Advierte sobre los riesgos de mezclas desconocidas en ceremonias de ayahuasca fuera de sus contextos tradicionales, la dificultad de estandarizar recetas que varían de un linaje a otro, y recomienda investigar el linaje del facilitador y estar alerta a la mala conducta sexual y los desequilibrios de poder —citando al Women’s Visionary Congress como recurso—. Sobre reducción de riesgos en ceremonias, puede consultarse también esta guía con documentos de seguridad para ceremonias de ayahuasca. Más contenido sobre el tema está disponible en la cobertura de reducción de riesgos del sitio y en la guía completa de psicodélicos.

Fuente: Psychedelics Today

Foto: twiga_swala (Flickr, CC BY-SA)