Un nuevo estudio de imagen cerebral ha arrojado luz sobre los mecanismos por los que la ketamina produce sus rápidos efectos antidepresivos en pacientes con depresión resistente al tratamiento. Utilizando tomografía por emisión de positrones (PET), los investigadores han demostrado que los efectos de la ketamina en el cerebro son dinámicos, específicos de cada región y más complejos de lo que se pensaba anteriormente.
La ketamina: el antidepresivo de acción rápida más disruptivo de las últimas décadas
La ketamina —y su derivado esketamina, comercializada como Spravato— ha transformado el tratamiento de la depresión resistente desde que la FDA aprobó el uso de esketamina intranasal en 2019. A diferencia de los antidepresivos tradicionales, que pueden tardar semanas en producir efecto, la ketamina puede reducir los síntomas depresivos en cuestión de horas, incluso en pacientes que no han respondido a múltiples tratamientos previos.
Este perfil de acción tan rápido ha generado una pregunta fundamental: ¿qué ocurre exactamente en el cerebro tras la administración de ketamina que explica un efecto tan veloz y tan diferente del de los antidepresivos convencionales? La nueva investigación con PET contribuye a responder esta pregunta.
Qué encontraron las imágenes PET
El estudio, publicado en 2026, utilizó imágenes PET para rastrear los cambios en la actividad cerebral antes y después de la administración de ketamina en pacientes con depresión resistente al tratamiento. Los resultados revelaron que los efectos de la ketamina sobre la actividad cerebral son mediados por cambios dinámicos en regiones específicas del cerebro, y no por una simple modulación global del sistema.
En particular, la ketamina actúa como antagonista del receptor NMDA (N-metil-D-aspartato), un receptor de glutamato. Al bloquear este receptor, desencadena una cascada de eventos que incluyen un aumento transitorio de la actividad en ciertas redes cerebrales implicadas en el procesamiento emocional y la regulación del estado de ánimo. Las imágenes PET permitieron a los investigadores mapear estos cambios con una precisión sin precedentes, revelando que el cerebro responde a la ketamina de una manera altamente coordinada y específica de cada área.
Implicaciones para el tratamiento y la investigación
Comprender el mecanismo de acción de la ketamina tiene implicaciones importantes para el desarrollo de nuevos antidepresivos. Si los investigadores pueden identificar exactamente qué cambios cerebrales son responsables del efecto antidepresivo —y cuáles son simplemente efectos secundarios de la sedación o la disociación que acompañan a su administración—, será posible diseñar fármacos más específicos que repliquen los beneficios sin los inconvenientes.
Este tipo de investigación también es relevante para optimizar los protocolos de tratamiento con ketamina existentes. Saber en qué regiones cerebrales actúa el fármaco y durante cuánto tiempo podría ayudar a determinar la dosis óptima, la frecuencia de administración y si ciertos pacientes son más propensos a responder que otros.
El estado actual de la ketamina en la clínica
En la práctica clínica actual, la esketamina intranasal (Spravato) es la única formulación aprobada por la FDA específicamente para la depresión resistente al tratamiento y para la depresión con ideación suicida activa. Las infusiones intravenosas de ketamina racémica, aunque ampliamente utilizadas en clínicas especializadas, se administran de forma extraoficial (off-label) y su cobertura por los seguros médicos es muy variable.
Estudios recientes también han explorado formulaciones orales de ketamina. Una investigación publicada en JAMA Network Open evaluó dosis orales de 120 mg y 240 mg en adultos con depresión resistente al tratamiento durante un período de tres semanas, ampliando las posibilidades de administración más allá del entorno clínico controlado.
Ketamina y psicodélicos: ¿aliados o rivales?
Aunque la ketamina no es un psicodélico clásico en sentido estricto —actúa sobre los receptores NMDA, no sobre los receptores de serotonina como la psilocibina o el LSD—, comparte con ellos la capacidad de producir efectos antidepresivos rápidos y duraderos, así como experiencias subjetivas alteradas. La investigación sobre los mecanismos de ambos tipos de compuestos está revelando que el cerebro puede acceder a estados de plasticidad neuronal extraordinaria a través de vías moleculares muy diferentes, y que esta plasticidad podría ser el denominador común de sus efectos terapéuticos.
En un momento en que la psilocibina avanza hacia la aprobación de la FDA y el DMT muestra promesas clínicas crecientes, la ketamina sigue siendo la opción aprobada y disponible para los pacientes que no pueden esperar. La investigación con PET que profundiza en su mecanismo de acción ayuda no solo a entender la ketamina, sino también a tender puentes conceptuales hacia una nueva era de la psiquiatría de acción rápida.