Enfrentarse a la muerte con dignidad y sin un sufrimiento psicológico aplastante es uno de los grandes retos de la medicina moderna. Los cuidados paliativos han avanzado mucho en el control del dolor físico, pero la angustia existencial, la depresión y el terror ante la muerte siguen siendo compañeros frecuentes de muchos pacientes en sus últimas etapas de vida. Una revisión sistemática publicada en 2026 en la revista Palliative Medicine ofrece evidencias sólidas de que la psilocibina podría ser una herramienta valiosa para cambiar esta realidad.

Los datos de la revisión

El estudio, liderado por Ana Rita Sousa Matos y colaboradores, analizó seis ensayos clínicos que en conjunto incluyeron a 74 pacientes de entre 22 y 75 años en situación de enfermedad avanzada o terminal. Los resultados son notablemente consistentes: la terapia asistida con psilocibina produjo reducciones clínicamente significativas tanto en la depresión como en la ansiedad en todos los estudios analizados, con un porcentaje de entre el 57% y el 79% de los participantes alcanzando una reducción de al menos el 50% en las puntuaciones de escalas estandarizadas de síntomas.

Lo que quizás resulta más relevante desde el punto de vista clínico es la durabilidad de estos efectos. Las mejoras observadas se mantuvieron durante períodos de 6 a 8 meses en la mayoría de los ensayos, y en un estudio de seguimiento, hasta 4,5 años después del tratamiento. Para pacientes con expectativa de vida limitada, esta durabilidad es especialmente significativa: una sola sesión terapéutica podría acompañar al paciente durante buena parte o la totalidad de su proceso final.

El ensayo PSYCHED-PAL

Entre los estudios más recientes incluidos en la revisión destaca el ensayo PSYCHED-PAL, publicado en enero de 2026, que evaluó la microdosis de psilocibina —es decir, dosis sub-alucinógenas— en personas con enfermedades avanzadas. Los investigadores encontraron que incluso a estas dosis menores, la psilocibina resultó segura, factible y potencialmente eficaz para reducir el distrés psicológico en esta población.

Este hallazgo es especialmente importante porque abre la puerta a un enfoque más flexible: no todos los pacientes paliativos están en condiciones físicas o emocionales de someterse a una sesión psicodélica de alta intensidad con dosis plenas. La microdosificación podría ofrecer una alternativa más accesible y adaptable a las necesidades individuales de cada persona.

Un perfil de seguridad favorable

Un aspecto crítico en cualquier tratamiento dirigido a pacientes con enfermedades graves es la seguridad. La revisión sistemática reporta que los efectos adversos fueron en general leves y transitorios, sin diferencias significativas en la frecuencia cardíaca ni en las tasas de abandono del tratamiento en comparación con el placebo. No se registraron eventos adversos graves atribuibles a la psilocibina en ninguno de los seis estudios analizados.

Este perfil de seguridad es particularmente relevante en una población que suele estar polimedicada y que puede tener una mayor vulnerabilidad fisiológica. La ausencia de interacciones graves con los medicamentos de soporte y la tolerabilidad demostrada refuerzan la viabilidad clínica de la psilocibina en este contexto.

La dimensión existencial del tratamiento

Más allá de los números, hay algo cualitativamente diferente en lo que la psilocibina parece ofrecer a los pacientes al final de la vida. Los relatos de quienes han participado en estos ensayos hablan frecuentemente de experiencias de reconciliación con la propia vida, de un sentido renovado de conexión con los seres queridos, de una disminución del miedo a la muerte y de lo que los investigadores describen como «aceptación ecuánime» ante la inevitabilidad del final.

Estos efectos van mucho más allá de la reducción de síntomas en una escala de ansiedad. Tocan dimensiones de la experiencia humana —el significado, la trascendencia, la reconciliación— que raramente son abordadas por los tratamientos farmacológicos convencionales. Es por eso que varios investigadores del campo prefieren hablar de «terapia asistida con psicodélicos» más que de «farmacoterapia», reconociendo que la sustancia es solo uno de los componentes de un proceso terapéutico que incluye la preparación, el acompañamiento durante la sesión y la integración posterior.

Hacia una mayor accesibilidad

A pesar de los resultados prometedores, la psilocibina sigue siendo una sustancia controlada en la mayoría de los países hispanohablantes, lo que limita su disponibilidad para los pacientes que podrían beneficiarse de ella. La investigación en marcha —incluyendo el ensayo multicéntrico de Fase 2 de la UCSF sobre psilocibina en adultos con enfermedades terminales— debería generar la evidencia necesaria para impulsar cambios regulatorios que faciliten el acceso en contextos paliativos supervisados.

Mientras tanto, los cuidados paliativos de todo el mundo miran con creciente interés a estos datos, conscientes de que para muchos de sus pacientes, la posibilidad de morir en paz —no solo sin dolor físico, sino también sin el peso aplastante del miedo y la angustia existencial— podría estar al alcance de una sustancia extraída de un hongo.

Fuente: Palliative Medicine (SAGE)Ensayo PSYCHED-PAL