El trastorno de estrés postraumático (TEPT) y el consumo problemático de alcohol suelen ir de la mano: muchas personas beben para calmar recuerdos intrusivos y malestar emocional, y el alcohol, a su vez, desregula los sistemas de estrés del cerebro y empeora los síntomas. Un nuevo estudio con ratas, publicado en la revista Neuropsychopharmacology, sugiere que la MDMA podría romper parte de ese círculo, aunque solo en individuos con predisposición genética a beber en exceso.
Por qué estudiar la MDMA en animales
Los ensayos clínicos de terapia asistida con MDMA tienen un problema difícil de resolver: los efectos subjetivos de la sustancia son tan evidentes que es casi imposible que los participantes no sepan si la han recibido. Esto hace difícil separar el efecto de la molécula del de las expectativas o el entorno terapéutico.
Por eso, el equipo de Leigh C. Walker, del Instituto Florey de Neurociencia y Salud Mental y la Universidad de Melbourne (Australia), diseñó un modelo animal que imitara lo más posible los ensayos en curso con personas que sufren a la vez TEPT y trastorno por consumo de alcohol, como el estudio australiano MPATHY.
Cómo se hizo el experimento
Los investigadores trabajaron con dos tipos de ratas: una línea criada selectivamente por su preferencia por el alcohol y ratas Wistar comunes, de ambos sexos. Primero les enseñaron a asociar un tono con una pequeña descarga eléctrica, de modo que el sonido les provocaba una respuesta de miedo (quedarse inmóviles). Después, durante seis semanas, tuvieron acceso intermitente a alcohol, seguido de tres semanas de abstinencia.
Al final de ese periodo, recibieron una inyección de MDMA o de suero salino y, media hora más tarde, se sometieron a una sesión de «extinción del miedo»: escucharon el tono repetidamente sin descargas, un procedimiento que imita la terapia de exposición utilizada en humanos. Luego volvieron a tener acceso libre al alcohol.
Resultados: menos alcohol, pero no por menos miedo
El trauma experimental aumentó modestamente el consumo de alcohol, pero solo en las ratas genéticamente predispuestas; las Wistar sintieron el mismo miedo y no bebieron más. En las ratas vulnerables, una sola dosis de MDMA evitó ese aumento de consumo, y el efecto se mantuvo durante tres semanas.
Lo sorprendente fue que la MDMA no mejoró el recuerdo de la extinción del miedo al día siguiente. Durante la sesión alteró la respuesta de miedo inmediata —de forma distinta según la línea de ratas y el sexo—, pero no reforzó el aprendizaje de seguridad. Es decir, la reducción del consumo de alcohol parece funcionar por vías independientes del miedo, que todavía no se conocen.
Las advertencias de los propios autores
Walker fue clara al explicar a PsyPost que los resultados en ratas no significan que la MDMA vaya a reducir el consumo de alcohol en personas. Lo que sí muestra el estudio es que la respuesta a la sustancia puede variar mucho según la vulnerabilidad individual y el sexo. Además, se probó una única dosis y un único momento de administración, no se midió la concentración de alcohol en sangre y los modelos animales no reproducen el componente relacional y emocional de la psicoterapia.
Conclusión
El hallazgo apunta a una pregunta clave para la medicina psicodélica: ¿quién se beneficia más de estos tratamientos? Si los ensayos clínicos confirman un patrón similar, podría ayudar a identificar perfiles de pacientes con más probabilidades de responder. Mientras tanto, conviene recordar que la terapia con MDMA sigue en fase de investigación y que su uso fuera de un contexto clínico conlleva riesgos, especialmente combinado con alcohol.
Fuente: PsyPost – https://www.psypost.org/a-single-dose-of-mdma-prevents-trauma-fueled-drinking-in-genetically-prone-rats/
Imagen: Janet Stephens (photographer) / Wikimedia Commons (Public domain). Ver ficha de la imagen.