Durante años, los psicodélicos se han estudiado y discutido como si fueran una sola familia con un mismo mecanismo. Un nuevo estudio de la Universidad del Sur de Dinamarca (SDU), publicado en Nature Communications, pone esa idea en duda: al comparar directamente LSD, psilocibina y 2C-B, los investigadores encontraron que cada sustancia deja un patrón propio de actividad cerebral, con muy pocos cambios compartidos entre las tres.
Cómo se hizo el estudio
El equipo trabajó con ratas y utilizó tomografía por emisión de positrones (PET) para medir la actividad metabólica y las conexiones entre distintas regiones del cerebro. Las mediciones se hicieron en dos momentos: durante el efecto agudo de cada droga y una semana después, para ver qué rastro quedaba una vez pasado el efecto.
A diferencia de la mayoría de los trabajos previos, que analizan un solo psicodélico por vez, este diseño permitió poner las tres moléculas lado a lado y en las mismas condiciones.
Recompensa, hábitos y emociones
Durante el efecto agudo, el 2C-B y el LSD fueron los que más alteraron la actividad cerebral. Lo más llamativo apareció una semana después: el 2C-B dejó huellas sobre todo en áreas vinculadas a la recompensa; el LSD, en regiones asociadas a los hábitos y la motivación; y la psilocibina afectó principalmente zonas relacionadas con las emociones, según explicó Frederik Gudmundsen, primer autor del trabajo.
«A menudo se habla de los psicodélicos como si funcionaran de la misma manera, pero cuando miramos el cerebro las diferencias son claras», resumió Mikael Palner, profesor asociado de la SDU y autor principal.
Por qué importa para la medicina
Si cada sustancia actúa sobre redes distintas, es posible que en el futuro algunas resulten más adecuadas para ciertos trastornos que otras. Los autores aclaran que eso todavía no se sabe, pero que el estudio ofrece un punto de partida biológico para investigarlo, en un momento en que la psilocibina, el LSD y otras moléculas avanzan en ensayos clínicos para depresión, estrés postraumático y adicciones.
Los límites del hallazgo
Los resultados provienen de experimentos en animales, por lo que hacen falta estudios en humanos antes de trasladarlos a pacientes. El trabajo tampoco dice cuál droga es «mejor»: solo muestra que no conviene tratarlas como un bloque homogéneo.
El estudio fue financiado por fundaciones danesas y por los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. Palner declaró tener acciones en Compass Pathways y AtaiBeckley; los autores afirman que esas relaciones no influyeron en la investigación.