La infraestructura para la medicina psicodélica es, según Dane Stevens, director ejecutivo de la canadiense Optimi Health, el eslabón que falta en el debate estadounidense sobre psicodélicos. En una columna de opinión publicada en Fortune el 12 de octubre de 2026, Stevens argumenta que superar la reclasificación y lograr la aprobación regulatoria no alcanza si no existen cadenas de suministro con licencia, estándares de fabricación y protocolos clínicos para administrar estas sustancias a gran escala.
Una audiencia de la FDA puso el problema sobre la mesa
El 14 de septiembre, la FDA celebró una sesión de cuatro horas con más de 80 oradores sobre cómo podrían funcionar las terapias psicodélicas en entornos regulados (ver también la cobertura de esa audiencia histórica). Según Stevens, el encuentro dejó en evidencia una brecha que va más allá de la reclasificación: la falta de infraestructura para entregar estas terapias de forma segura y a escala.
La magnitud del problema de salud mental
El autor recuerda que más de 62 millones de adultos estadounidenses viven con alguna enfermedad mental. Casi una de cada tres personas con depresión mayor no logra un alivio significativo con la medicación, y los tratamientos de primera línea para el estrés postraumático tienen, en promedio, una tasa de no respuesta del 40%. Como evidencia de que los psicodélicos pueden ayudar, cita un ensayo de 2022 publicado en The New England Journal of Medicine, que halló que una sola dosis de 25 mg de psilocibina con apoyo psicológico redujo significativamente los síntomas depresivos en pacientes resistentes al tratamiento, y un estudio de la Oregon Health & Science University con 346 personas en 24 centros con licencia, que reportó menos depresión, ansiedad y síntomas de estrés postraumático.
El modelo australiano y la propuesta de Optimi
Stevens describe el modelo que usa Australia: un psiquiatra prescribe una dosis de grado farmacéutico fabricada por un laboratorio con licencia, y el paciente la toma bajo supervisión con una cadena de custodia documentada. Según el autor, Optimi Health ha respaldado a decenas de clínicas australianas sin que se reporten eventos adversos graves, y la empresa dice haber fabricado y exportado terapias psicodélicas de grado farmacéutico para uso clínico en Australia, Canadá y el Reino Unido, con más de 5.000 dosis suministradas en total. El autor cita además una proyección de mercado que estima que el mercado estadounidense de fármacos psicodélicos alcanzará los 3.600 millones de dólares en 2032.
Una voz interesada en el debate
Conviene leer esta columna con una salvedad: Stevens dirige una empresa que vende estos productos, por lo que sus cifras de seguridad y de mercado provienen de una parte interesada y no están verificadas de forma independiente en el artículo. Aun con esa salvedad, su diagnóstico —que aprobar y reclasificar no es suficiente sin fabricación, protocolos y personal capacitado— se suma a un debate cada vez más activo sobre cómo escalar la medicina psicodélica en Estados Unidos. Más contexto sobre esta discusión regulatoria puede encontrarse en la cobertura de legislación del sitio y en la guía completa de psicodélicos.
Fuente: Fortune
Foto: bartsz (Flickr, CC BY)