Una revisión que separa el humo de los datos

Un equipo liderado por la investigadora Priyom Bose revisó de forma sistemática toda la literatura disponible sobre microdosis de psilocibina en hongos y trufas, publicada en Frontiers in Psychiatry. La búsqueda, actualizada hasta junio de 2026, encontró 897 referencias; tras el filtrado quedaron apenas 11 estudios que cumplían los criterios, con un total de 3.262 participantes, mayoritariamente varones. Solo cinco usaron diseños cuantitativos —incluidos dos ensayos controlados con placebo— y seis fueron cualitativos, varios de ellos simples reportes de caso.

Beneficios reportados, con letra chica

Ocho de los once estudios encontraron al menos un efecto positivo percibido: mejoras en el ánimo, la energía, el sueño, la concentración, la creatividad y las relaciones sociales. Tres estudios sobre percepción sensorial reportaron mejoras subjetivas en el olfato o la vista, incluso en casos de anosmia post-COVID. Pero el patrón se repite: casi todo proviene de encuestas, autorreportes o series de casos, no de ensayos con grupo de control.

Los dos únicos estudios con placebo no encontraron mejoras significativas

Ese es el dato que más pesa: los dos ensayos doble ciego controlados con placebo incluidos en la revisión no mostraron mejoras significativas frente al placebo. Un metaanálisis citado en el trabajo encontró incluso una disminución del control cognitivo con microdosis de LSD o psilocibina combinadas, aunque no con psilocibina sola. El reporte de eventos adversos también fue deficiente: la mayoría de los estudios no documentó ninguno, y el único que sí lo hizo describió episodios de tipo psicótico, distorsión sensorial, pensamiento suicida y hasta un brote de enfermedad de Crohn con dosis más altas.

Por qué importa distinguir microdosis de terapia asistida

Los autores insisten en un punto clave: la evidencia sólida sobre psilocibina proviene de dosis completas administradas bajo supervisión clínica junto con psicoterapia, un contexto completamente distinto al de la microdosis autoadministrada por fuera del consultorio, que el 86% de los usuarios toma por motivos no médicos. Trasladar los resultados de un contexto al otro, advierten, es un salto que los datos actuales no respaldan. La conclusión de la revisión es cautelosa: la evidencia es insuficiente para determinar eficacia o seguridad, y hacen falta ensayos aleatorizados robustos, con dosis estandarizadas y seguimiento riguroso de eventos adversos, antes de sacar conclusiones sobre una práctica que ya se extendió mucho más rápido que la ciencia que la explica.

Imagen: «Quite possibly psilocybin mushrooms» de Francis Storr (CC BY-SA 2.0, vía Flickr/Openverse).

Fuente: News-Medical.net