A medida que la psilocibina, el LSD y otros psicodélicos se acercan a la aprobación médica, buena parte del debate público se concentra en ensayos clínicos, dosis y mecanismos cerebrales. Un artículo publicado en la Harvard Theological Review por Sam S. B. Shonkoff, profesor asociado de estudios judíos en la Graduate Theological Union, argumenta que falta una voz clave en esa conversación: la de los académicos de estudios religiosos, cuyas tradiciones llevan siglos reflexionando sobre experiencias que hoy la neurociencia recién empieza a nombrar.
Lo que el neojasidismo puede enseñarle a la ciencia psicodélica
Para ilustrar su argumento, Shonkoff analiza el neojasidismo, una corriente espiritual y cultural que reinterpreta elementos del movimiento jasídico del judaísmo, conocido por expresar la devoción religiosa a través del canto y la danza, desde una sensibilidad contemporánea. El autor reconstruye las experiencias de pensadores neojasídicos entre mediados de los años cincuenta y comienzos de los setenta que usaron sus propias categorías religiosas para interpretar los efectos de los psicodélicos, y que, a la inversa, vieron esas experiencias transformar su comprensión de las enseñanzas místicas jasídicas.
Un rabino que repensó el jasidismo tras un viaje con LSD
El caso más citado es el del influyente rabino Zalman Schachter-Shalomi, quien según Shonkoff atravesó una experiencia con LSD que lo llevó a reimaginar el jasidismo y a explorar tanto las similitudes como las tensiones entre los estados místicos psicodélicos y los estados místicos jasídicos tradicionales. El erudito neojasídico Arthur Green, por su parte, utilizó los psicodélicos como herramienta para desentrañar el significado de textos judíos esotéricos, en una época en la que estas sustancias todavía no estaban asociadas al consultorio médico sino a la búsqueda espiritual.
Por qué importa incluir estas voces hoy
Shonkoff sostiene que las tradiciones religiosas y las experiencias psicodélicas se moldean mutuamente, y que dejar afuera a los eruditos religiosos, del cristianismo, el judaísmo, las tradiciones indígenas y otras corrientes, empobrece la comprensión de cómo las personas realmente viven e interpretan estas experiencias. El autor insiste en que no existe una única forma verdadera de espiritualidad, y que reconocerlo podría fomentar un trato más respetuoso y ético hacia las comunidades religiosas a medida que los psicodélicos se integran al sistema de salud convencional.
Un debate que ya tiene eco fuera de la academia
El planteo de Shonkoff llega en un momento en que las llamadas iglesias psicodélicas multiplican sus propios programas de formación religiosa, un fenómeno que este portal cubrió semanas atrás al informar sobre la demanda de nuevos seminarios psicodélicos para esas congregaciones, y en que instituciones académicas como Harvard impulsan la capellanía psicodélica como parte del cuidado espiritual en terapia. Para Shonkoff, la ciencia y la clínica seguirán avanzando con o sin estas voces, pero hacerlo sin ellas corre el riesgo de aplanar una dimensión de la experiencia psicodélica que, para buena parte de quienes la viven, es inseparable de lo espiritual. Quien quiera profundizar en estas conexiones puede revisar también la guía completa de psicodélicos de este portal.
Foto destacada: candle light ii por Laenulfean, bajo licencia CC BY-SA 2.0.